martes, 22 de marzo de 2011


Capítulo 31 - Comienzo del fin

Hakara sentía como su cuerpo cambiaba; su fuerza, su perspectiva, su piel. Ahora era parte del todo y al mismo tiempo no era parte de nada. Se dio cuenta de que las palabras de su hermano no eran completamente ilógicas. Su madre era una muerta en vida y el mejor favor que se le podía hacer era una muerte honrosa; sin embargo al mismo tiempo su vida era lo que detenía a la creación y con su vida, vivía todo, tanto lo bueno como lo malo.
Observo la daga de su hermano; había tanta gente que deseaba la vida como gente que deseaba la muerte; era normal que ambas dagas fueran diferentes a todas las demás. Sería una lucha interesante.
Su hermano observó como la piel de su hermana tenia un extraño brillo azulado. Sus ojos eran completamente negros, sus iris mostraban un azul poderoso, como si fuera un animal. Su oscuro cabello ondeante brillaba camuflándose con la oscuridad del cielo. Aún sin tener cuerpo humano pudo sentir una punzada donde debería estar su corazón. Era hermosa y fuerte.
Antes de que terminara de pensar Hakara estaba sobre él. Le ataco su brazo izquierdo. Con su doble hoja pudo cortar varios cables. El ser metálico gritó y empujó a Hakara lo más lejos que pudo. Cogió los cables cortados e intentó unirlos, un líquido marrón viscoso, que desprendía un olor asqueroso, chorreaba a través de los engranajes. Hakara se levanto de un salto y volvió a envestir.
El ser metálico se giró e intentó alcanzar a Hakara con la parte venenosa. Pero esta pudo esquivarlo en el último momento. Los dos estaban uno frente al otro. Las extremidades metálicas chirriaban cuando se movían. Hakara podía ver con anticipación cada movimiento de su supuesto hermano. Dio un salto sobre él y clavó la daga en uno de esos ojos metálicos, apagándolo. El ser metálico se sentía indefenso; no había causado ni el menor roce en el cuerpo de su hermana mientras que él casi no aguantaba en pie. ¿Como era posible?
Hubo un nuevo temblor; los dos intentaron mantenerse de pie mientras el suelo se desquebrajaba. El pincho que su hermano había clavado había llegado al núcleo. Los gritos de su madre eran terroríficos. Hakara podría sentir el dolor, el desgarro, como si todos sus miembros fueran arrancados. Su hermano sonreía triunfal.
Esta vez fue él quien dio el primer paso. Corrió hacia ella; dió la vuelta a su daga y el pincho viscoso a punto al brazo de Hakara; esta consiguió moverse hacía abajo mientras apuñalaba uno de los huesos metálicos con forma de vértebras, pero no pudo impedir, que la hoja de la daga de su hermano se clavara en su muslo. Ambos soltaron un alarido de dolor.
-vamos hermanita – su voz metálica era más chillona- ya has perdido, madre esta muerta y en segundos la luna explotara – estiro su mano vacía – únete a mi, seamos parte de nuestra madre y todo acabará destruido.
-¿formar parte de nuestra madre? – no entendía de que estaba hablando.
-Es muy sencillo, ella necesita todo el poder que vive en nuestro interior para que se produzca su último grito, sólo así el universo retomara su rumbo.
-¿quieres morir? – le murmuro – nunca verás el final.
-No lo necesito, ya sé lo que pasará. Todos moriremos y volveremos a formar una nueva vida con nuestras energías, un nuevo universo.
-Yo no pienso morir – le gritó
-Comprendo – volvío sus ojos hacia la nave- necesitas terminar tu misión.
Se abrió una puerta de la nave, Del interior salio un ser malherido al que le costaba mantenerse en pie y mucho más andar.
-Este ser es un regalo para ti.- hizo un gesto con su mano metálica, como si fuera una reverencia – sus antepasados fueron los que idearon la luna negra, también fueron los que buscaron a la víctima perfecta y los directores al mando del proyecto Luna negra. – su voz se alzaba – Ellos son los culpables de que tu y yo estemos aquí ahora, también de que nuestra madre esté encerrada. Tenian miedo de morir – se movió hacia él, lo cogío del cuello y lo arrastró hasta donde estaba Hakara y lo tiro al suelo – este ser, se izo pasar por uno de los míos y en el momento oportuno, intentó matarme. Tiene tanto miedo a la muerte que quise darte el gusto de que le mostraras lo que hay al otro lado
-No me interesa – Hakara ni siquiera miraba aquel ser- ya no es importante
-¿que dices?- se movía con nerviosismo- esto es lo que madre nos dijo, lo que nos obligo hacer; nuestro objetivo. Te lo estoy entregando en bandeja de plata – el ser en el suelo sollozaba de terror.
-Ahora lo entiendo – dijo tranquila - Madre estaba furiosa con todo el mundo por eso deseaba la muerte de todos los que la dañaron, pero viéndolos uno por uno, sólo ves que han recibido lo que se merece, no necesitaban un ser justiciero que los matara, ellos ya están muertos por dentro – levantó la mirada y observó al único ojo brillante que tenia su hermano – al igual que tú, ya estas muerto.
-No te lo pondré tan fácil hermanita.

La luna negra se desquebrajaba casi por completo, se formó un brecha que separaba los dos hermanos de varios metros de ancho y kilómetros de largo. Era como si su propia madre intentara separarlos. Una parte de ella estaba manchada de venganza, pero otra parte, no quería ver como sus hijos se mataban.
-no te dejaré marchar – gritó la voz metálica- estamos apunto de entrar en el clímax del asunto, mátalo y deja que la energía se expanda sobre ti, que el poder de la creación cumpla su deber y todos estará como debía estar - gritaba- ¿es que tanto te cuesta entenderlo?
-No podemos cambiar el pasado, ni tampoco huir de él. Mi objetivo cambio el día en que tú te metiste en el medio, el día que creaste el Claniova hubo algo más importante que la venganza, algo que no conocía que existiera- Hakara levantaba el arma.
-Así que ahora yo soy tu objetivo, - se movía hacia atrás – pues bien aya voy – cogió carrerilla y saltoó la enorme brecha que los separaba – ahora que estamos tan juntitos veamos como logras salir de aquí.
Se abalanzó sobre ella, estuvo a punto de rajarle el estómago con el pincho viscoso. Ella pudo salvarse a dudas penas, unos restos de babas le dejaron marchas de babas, estas no eran venenosas, pero si tóxicas. La piel de Hakara enseguida empezó a ponerse roja. El ser metálico se había vuelto más rápido, seguramente, mientras hablaban estuvo haciendo algunas reformas en su ordenador principal y en sus engranajes.
Ahora luchaba contra un igual. Hakara lo observó fijamente y usó el Eco para poder ver lo que a simple vista se le ocultaba. De todos los tubos que tenía enganchado a todas partes del cuerpo, había uno que era el principal; necesitaba dañarlo en la zona que este se unía con su cabeza, eso lo desconectaría por completo.
Los terremotos en la luna negra se sacudían cada vez más violentos, un intenso calor derretía el suelo. Hakara y su hermano le quedaban poco tiempo para la gran explosión y si ellos se encontraban sobre la corteza materna comenzaría el fin del universo.
El ser metálico volvió a atacar, esta vez con más rapidez, su daga hirió el brazo de Hakara hundiéndose en la carne. Ella le golpeo dejándolo a pocos metros del borde de una de las grietas- Se tiro hacia el y le claco el cuchillo en una de las costillas, donde había un enresijo de cables. Él la agarró y empezó a apretarla con sus manos de metal. Ella gritaba de dolor. Activo la segunda hoja y se la lanzó a la cabeza. El ser metálico se quedo durante unos segundos quieto, parecía haberse paralizado. Hakara liberó sus manos de las de él y le arranco la daga de la cabeza. EL ser contesto al momento, con la punta envenenada llego a rozar la herida abierta de Hakara, la baba ardía en contacto con la sangre.
En ese momento sabía que moriría en cualquier lugar. Se arrojó hacía su hermano clavándole la daga en la base del cerebro. La daga de su hermano se le clavó en el estómago. El suelo cedió y empezaron a caer. Su metálico hermano ensanchaba una enorme sonrisa.
-moriremos con madre, el fin del universo acaba de comenzar.

Hakara sintió como algo metálico la agarraba, mientras observaba como su hermano se caía al núcleo de la luna horrorizado. Ella estaba agotada y no tenía fuerzas para preguntarse que estaba pasando. Sólo se dejó llevar. Por una vez se sentía completamente libre. No había venganza, no había miedos, no había tristeza. Sólo lamentaba no haber podido salvar a sus amigos.


-¿que va a pasar ahora? – Hakara tenía el cuerpo dolorido, estaba sin fuerzas para moverse o hablar.
-No te preocupes Arlen, el veneno esta siendo expulsado de su cuerpo; el poder de la daga es más increíble de lo que nos podíamos imaginar. Pronto volverá a estar perfecta.
-Pero la luna – Azuna observaba con tristeza através del monitor la explosión de la luna negra.
-Lo siento Azuma – era la voz de Ediondo- por lo menos conseguimos salvarla.
-¿que le ocurrirá al universo? – Arlen vendaba la pierna de Hakara y su estómago.
-Sin Hakara, el poder de la creación es muy lenta y débil, sin embargo absorberá todo aquello que este a su alrededor.
-Tenemos que detenerla – insistía Arlen
-Sin la luna Negra eso es imposible – la voz de Azuma estaba rota del dolor.
-Construiremos otra – dijo Arlen de forma rotunda.

lunes, 14 de marzo de 2011

Capítulo 30: Encuentro entre hermanos

Aquel ser no era humano, pero tampoco parecía un ser vivo. Debajo de su capa se escondía un cuerpo metálico que aún poseía algunos restos de carne. Su voz robótica le recordaba a la casa de Ediondo, donde todos sus siervos eran metálicos. ¿Como era posible que aquel ser fuera su hermano?
- ¿quien eres tú? – intentaba mantener las distancias.
- El que nació de tus fluidos y los de nuestra madre – su voz dañaba los oídos – puedo decir que he tenido dos madres.
- No eres como yo, - señalaba su cuerpo metálico - tú no pudiste salir del vientre materno.
- Caí a la tierra el día de los meteoritos. No podía ver mi imagen reflejada, me daba asco; no quería ser como esos asquerosos humanos. En cuento pude empecé a cambiar cada extremidad y cada célula por metales indestructibles. Cada tuerca es el anclaje de un hueso bañado en metal.
- Si no puedes verte como ser vivo, es porqué repudias tu existencia. – se llevó la mano a la daga.
- Me dijeron que tienes un nombre ¿quien te lo dio? – dio unos pasos hacía ella.
- Yo misma, no soy propiedad de nadie y tengo mi propiedad identidad. ¿cual es el tuyo? – no querría llamarle hermano, no lo sentía como tal.
- No tengo ninguno – se acercó un poco más – esperaba a que tu me lo pusieras, hermanita.
- Nadie tiene que decirte quien eres excepto tu mismo. – sacaba el puñal de la empuñadura.
- Creo que has estado demasiado tiempo en contacto con seres vivos, pareces uno de ellos. – la voz metálica se alzaba – Se te olvidó lo que nos hicieron los habitantes de este universo, la humillación hacia nuestra madre, como nos abandonaron mientras ellos se enriquecían y vivían sus vidas sin tener en cuenta sus actos pasados.
- He aprendido muchas cosas que desconocías de los seres vivos. Has estado encerrado en los recuerdos y no has visto más allá. Hay tantas cosas que ver y que aprender. No pienso deshacerme de ellas.
- ¿de ellas? – su boca metálica parecía sonreír – o querrás decir ¿de ellos? Tus compañeros de viaje infatigables ¿sabes que han hecho?
- Eso ahora no importa, sólo estamos tú y yo – tenia la daga en la mano.
- Han encontrado una cura al Claniova. Los sistemas infectados se están curando. Te has rodeado de gente interesante, supongo que es por eso que quieres defenderlos – aparte de su cuerpo metálico, había otro objeto que escondía en su mano que también brillaba.
- Llevaban demasiado tiempo debajo de mis faldas – sonrió complacida – Veo que conseguiste la daga gemela. – observaba su mano.
- Creí oportuno ir a recogerla. – parecía que suspiraba – Esperaba no tener que usarla. Es poco lo que necesito de ti.
- Deja de taladrar a nuestra madre y podremos hablar tranquilamente.
- Ese es parte del plan – dio un paso más hacia delante – esta dura roca sólo se ablanda cuando estamos los dos sobre ella, es el único memento en que se puede llegar al núcleo de la luna negra – movía la daga como si fuera un juguete – si los señores de la guerra lo supieran hubieran intentado secuestrarnos. Jajajaja, se quedaron sin su preciado botín, pero yo no pienso negar ese poder; liberaré a nuestra madre y todo seguirá su curso.
- ¿liberar a nuestra madre?- susurro
- Por supuesto ¿que esperabas que hiciera? – movía su cabeza para los lados.- ambos nacimos pora cumplir nuestro destino. El mío es liberar a nuestra madre para que el universo siga su curso.
- ¿como piensas liberarla? – si fuera tan fácil llega al núcleo y sacarla, ella misma lo hubiera hecho.
- Liberarla de su encierro y de esta vida llena de oscuridad. Su energía se unirá con la creación primigenia y recogerán el resto de vidas del universo. Se amasará en su seno para volver a explotar y crear nueva vida limpia y sin imperfecciones.
- Quieres matarla... – empuño la daga con fuerza.
- ¿acaso esta viva? – le preguntó con sorpresa - Lleva enjaulada tanto tiempo que la vida y la muerte son algo intangibles con un significado diferente al que tienen los seres vivos. Para ellos la vida acaba cuando tus funciones dejan de moverse. Pero para mi o para nuestra madre, la muerte es una forma más de existir.
- No permitiré que le hagas daño.- dio un paso hacia delante con la daga en la mano. – ella no morirá por ti.
- No muere por mi – él también agarraba la daga – sino porqué ella me lo pidió. Ella esta muerta en vida por nosotros, por aferrarnos a una estúpida vida. Es hora de que los seres vivos comprendan realmente lo que significa la muerte.
- Yo sentí su venganza y sus ganas de vivir. Incluso ahora ella busca al hombre que una vez amó y que sigue vivo. – le apuntó con el arma- has estado encerrado demasiado tiempo para entender los sentimientos, a veces un ser puede tener sentimientos enfrentados, no es fácil estar vivo.
- Esas complicaciones, el dolor, la venganza, el miedo, todo será olvidado; no existirá allí donde vamos, no hay nada que discutir, ni nada que pensar; todo es tranquilidad y sosiego. Ya has visto el sufrimiento, si pudieras darle algo mejor ¿no sé lo darías? Piensa en un lugar tan tranquilo que nada te perturbara.
- Las cosas que nos dan miedo, nos fortalecen; la venganza, nos da un objetivo; el dolor, nos recuerda que hay momentos felices. Todo es necesario para poder crecer y aprender.
- Eso díselo a nuestra madre, no le dejaron aprender esas cosas, la engañaron y la encerraron. Díselo al niño encerrado en un meteorito devorando carné por que uno seres hicieron experimentos. Ninguno de ellos te dirá que su vida es necesaria, incluso, si estuvieran muertos, nadie los echaría de menos. – bajó el puñal – tu sigues una venganza que madre te ha impuesto y yo sigo sus mandatos y ante todo, ella quiere ser libre.
- EL último deseo de madre – bajo su puñal, su cabeza parecía estar a punto de estallarle, había miles de ideas que parecían o tener fin. – ella quería morir – susurro.
- Eso es hermanita – se acercó a ella, lo suficiente que casi podía tocarla.- su último deseo, liberarla de esta prisión y que todo siga su curso.
- Nooooo – gritó mientras blandía la daga con fuerza
- No me esperaba menos de una guerrera – su sonrisa metaliza era dolorosa.
- No voy a desobedecer a nuestra madre – le susurro.

lunes, 28 de febrero de 2011

Capítulo 29: Regreso a la madre

El tiempo pasaba rápido dentro de la cápsula, un sueño podría equivaler a semanas, meses y años. Gracias al líquido que los mantenía con vida sus células envejecían despacio, como si se hubieran parado en el tiempo.
Un sonido fuerte resonó en los tímpanos de Hakara. El líquido lavaba su piel blanquecina para desaparecer por los conductos. Las bandas la abrazaron y comenzaron con la estimulación muscular. Cuanto más tiempo estaba en la cápsula más tiempo tardaban las bandas en tonificar los músculos. Pequeñas agujas penetraban en las articulaciones y descargaban minúsculas corrientes eléctricas que recorrían todo el sistema nervioso.
Al cabo de unas horas abrió los ojos. La luz era tenue, pero molesta, pestañeaba con rapidez y con movimientos lentos colocó su mano derecha sobre el rostro intentando protegerse. Movía cada músculo despacio, con inseguridad; temía que en cualquier momento su equilibrio le fallara.
Tardó dos horas en levantarse. Sus piernas temblaban como gelatina; aún se sentía débil, se apoyaba en las paredes para no caerse. Se fue hasta el puente de control principal. Su corazón la golpeaba con fuerza, estaba a punto de volver a casa. Temía lo que pudiera encontrarse, no había terminado su misión y volvía bajo las faldas de su madre.
En los monitores aparecía una imagen catastrófica. La luna negra estaba completamente astillada y con profundas grietas que la recorrían como una red tejida de cicatrices. Era cuestión de tiempo que se rompiera en mil pedazos.
La tierra parecía inhóspita, su atmósfera tenía un extraño color rojo. Hakara tecleó en el comando y la imagen de la tierra aumentó. Se podían ver las ciudades y las calles llenas de cadáveres en descomposición. Aumentó la imagen y se centró en los cadáveres, tenían síntomas de Claniova. La tierra debió ser uno de los primeros planetas en padecer la enfermedad. Siguió tecleando buscando señales de ayuda que los Terráqueos hubieran podido lanzar a los sistemas vecinos; no había ninguno, por algún motivo todas las señales que salieran de la tierra estaban bloqueadas, nadie pudo dar el aviso de auxilio, por eso nadie les ayudó. Aún así, era raro que ningún sistema se alarmara por la falta de comunicación o que el comercio quedara parado, ya que la tierra exportaba insectos y plantas a otros sistemas.
Si el Cleniova había matado a todos los humanos, ¿por que la atmósfera estaba roja? Parecía una enorme nube de contaminación o de toxicidad, ¿que la había causado? Observó los lugares donde la atmosfera era más densa. Enseguida se dio cuenta del patrón, todas esas zonas eran grandes ciudades, lugares invadidos por miles de cadáveres que se estaban pudriendo. El Cleniova en descomposición podría ser peor que el Cleniova en activo. Aquellos gases eran tan corrosivos como el ácido, destruían y quemaba todo ser vivo dejando el planeta estéril.
Se acercó a la luna negra, tenía que aterrizar sobre ella si quería hablar con su madre, debía conectarse con ella. Había una pequeña zona cerca de un enorme cráter que parecía segura. Aterrizo con cuidado, no quería dañar la envoltura de su madre más de lo que ya estaba. En cuanto sus pies tocaron la dura roca sintió un escalofrío; cerró los ojos y escuchó un débil palpitar; era su madre; sintió el alarido de auxilio que la luna desprendía. Su madre estaba sufriendo.
Debía llegar al interior de su madre para hablar con ella. Bajó lentamente por el cráter intentando no caer en su interior, pero cuanto más penetraba en la tierra más sentía el latido de su madre y su dolor; la roca se ablandaba para convertirse en gravilla y esta en arena. Los dedos de Hakara se agarraban con fuerza pero la arena, cada vez más fina, acabo cediendo; la caída fue inevitable. Antes de llegar al suelo pudo impulsarse para no caer de espaldas.
El suelo del cráter era de arena negra. Hakara se agachó y colocó las dos manos en el suelo. Debía comunicarse con ella através del tacto. En una fracción de segundo sus mentes estaban conectadas, pero el dolor de su madre era demasiado fuerte y el vínculo era insostenible. Hakara recibía imágenes confusas, algunas eran de cuando era humana, había rostros de médicos y salas de hospitales. Había un rostro de un médico joven que se repetía una y otra vez, debía ser el chico del que se había enamorado; parecían felices. Hakara podía sentir las emociones de su madre, eran desconocidas para ella y demasiado fuertes, creía que se iba a desmayar. Después llegó el dolor, su piel se quemaba y se endurecía, la luz desapareció y se encontró atrapada en la oscuridad, la sensación de ahogo la empujó, tuvo que apartar las manos de golpe. Una lágrima se escabullía por su mejilla derecha. Tragó saliva antes de volver a poner las manos sobre la arena.
Después de la oscuridad llegó otro sentimiento: la soledad. Este sentimiento desterraba cualquier otro, furia, venganza, terror. No podía compartir lo que sentía con nadie, se estaba volviendo loca. En uno de esos momentos de soledad se abrazo a si misma y sintió el latido de dos corazones aparte del de ella. La siguiente visión era de su madre enfrentada por el amor y la ira. Dentro de la oscuridad los latidos se hacían más fuertes, sus bebes crecían, ella no necesitaba verlos para saber lo que les ocurría.
Su madre se acercaba a ella y la acariciaba con cariño, después se iba a acariciar a su otro hijo. Aunque los quería a los dos el trato era diferente. Su hija se vengaría de los descendientes que le trajeron la ruina y su hijo acabaría con aquello que una vez comenzó: destruir el universo.
Hakara no entendía porqué su madre no le había dicho nada, porqué le había ocultado la presencia de un hermano. Ese sentimiento llegó hasta su madre quien le respondió con una visión. Su madre unas horas antes de convertirse en la luna negra se escapo en medio de la noche, su amante la estaba esperando. Los dos se unieron en un profundo beso y se dejaron llevar por la pasión. Era la primera vez que estaba con un hombre y quería que fuera algo especial. Cuando se despidieron, la vida crecía en su interior. En el momento que se convirtió en la luna negra el poder de la creación quedó encerrada con ella y la vida que engendraba también se vio alterada.
Hakara temblaba, había sido engendrada por un padre humano, no era fruto exclusivo del poder de la creación como había pensado. Otra imagen, de los restos de vida que Hakara dejaba en el interior de su madre se formaba una vida nueva, una vida hecha de soledad, destrucción, furia, etc. Su hermano había sido creado con su ADN pero no tenía padre natural como ella. Eso no explicaba por que le había ocultado algo tan importante.
Otra imagen apareció, era el rostro de su padre. Era un joven atractivo y sonriente, estaba enamorado, la besaba y le murmuraba frases bonitas al oído. Ella lo llamaba, al principio Hakara no escuchaba su nombre, pero este empezó a convertirse en un murmullo, luego en un susurro alto, hasta que lo escuchó tan perfectamente que sintió que el mundo se le caía encima: Azuma. En su cabeza el Eco empezó a acumular imágenes, los recuerdos de Hakara y los recuerdos de su madre, hasta que identifico los dos seres que ellas conocían. El Azuna del pasado se había convertido en un gran científico que se había especializado en simbiosis con la idea de poder vivir eternamente, o por lo menos hasta que pudiera emendar el agravio cometido.
Había estado con su padre todo este tiempo, él ¿lo sabría?, en ningún momento le había hablado sobre sus objetivos o sobre su pasado. Tenía ganas de salir corriendo, quería verlo aunque no sabía para que, ¿que le diría? Estaba tan nerviosa que su cabeza se nublaba.
Un golpe, un fuerte golpe, como una taladradora en la superficie de la luna negra, después un grito desde el corazón de su madre. Hakara apartó las manos y subió por una de las paredes del cráter; sus manos en forma de gancho se agarraban a la arena intentando trepar, sin darse cuenta de que tenía los dedos llenos de heridas y llagas.
En la cima vio una nave junto a la de ella. A escasos metros una sombra con una enorme capa negra había clavado algo en la superficie de su madre.
- tú – gritó Hakara – márchate ahora mismo de aquí
- hola hermanita. – el hombre de la capa se giró.

viernes, 28 de enero de 2011

Capítulo 28 - Cruce

Hakara observaba desde el puente de mando como se alejaba del planeta y de la galaxia. Las luces de las estrellas y de los astros que estaban cerca eran tan hermoso como solitarios, pero en su conjunto era como si un hilo invisible las conectara. Ella estaba sola, completamente sola, se viera por donde se viera, ella no estaba unida a nadie.
Pensaba que libre del peso de sus compañeros estaría libre de hacer y deshacer a su antojo, sin embargo la sensación era muy diferente, como si le hubieran arrancado una parte de ella. Quería dar la vuelta, pero no podía, debía seguir su camino.
Entró en la cápsula de hibernación, tardaría meses en llegar a su destino. Volvería al seno materno. Se ponía nerviosa con pensarlo, no había cumplido con su misión y ya estaba regresando, pero necesitaba respuestas. ¿quien es ese hermano?¿es real?¿porqué no lo sintió en el vientre materno? Si es así no entendía porqué su madre se lo había ocultado. El líquido empezó a llenar sus pulmones. La sensación de ahogo duró unos minutos, después sobrevino la calma.

Una nave negra salía de Nova Antor. Había tres seres en su interior, dos hablaban mientras otro pilotaba.
- está todo listo – era el hombre sin nombre
- hay una semilla de Cleniova en todos los sectores – respondía un ser encapuchado
- perfecto- susurró – es hora de ejecutar el gran plan.
-¿estáis seguros señor? - el encapuchado hacia una reverencia – es muy peligroso
no te preocupes, voy a ver a mi madre y creo que mi hermana también estará cerca – sonreía – será una bonita reunión familiar.
-No sabe como reaccionara su hermana.
-Estará confusa, no entenderá lo que ocurre; bajara la guardia y será manipulable.
-¿y si no sale como planeáis? - el encapuchado seguía agachado.
-tiene que funcionar, sin ella no podemos despertar la luna negra – se acercó a la pantalla, había una enorme imagen de la tierra, a su lado la luna y al otro, la luna negra astillada por varias partes. - ese caparazón debe romperse para que el verdadero poder salga a la luz.
-El poder de la destrucción y de la vida juntos sobre la luna negra, - exhaló un suspiro- sería devastador.
-esa es la idea – sonrío – la explosión que causaremos terminará con una implosión que engullirá el universo lentamente. Mientras, las galaxias más lejanas serán devoradas por el Cleniova, no habrá resistencia posible, ni tiempo para una segunda luna negra. Todo desaparecerá con un blanco resplandor.
-¿pero usted señor? - su voz temblaba.
-yo seré engullido por mi madre al igual que mi hermana. Aquello que se inició hace tiempo volverá a resurgir con más fuerza.
-No lo entiendo mi señor, - se dejó caer de rodillas – Vos moriréis en el momento.
-Jajaja – la voz metálica resonaba en toda la estancia – eso es un concepto discutible. Sólo muere este cuerpo de carne y metal, yo seguiré vivo eternamente.
El hombre que estaba de rodillas se levantó despacio, temblando. No estaba pensando en su amo, si no, en que él estaría cerca de la luna negra cuando ocurriera la explosión. No tenía manera de huir. No había nave de rescate, es más, el Señor Sin Nombre había sido muy riguroso a la hora de la nave: que fuera rápida, que no tuviera mucho peso y que se eliminaran las naves de huida. Si esta era una cruzada de su amo ¿porqué lo necesitaba a él? ¿porqué debía morir? Un sudor frío le recorría la frente, no había escapatoria.
-No quiero morir – murmuró – yo no tengo porqué morir.
-Todos estamos muertos, cuando pise la Luna Negra comenzara la implosión, toda vida morirá y quien sabe, quizás con el tiempo vuelva a resurgir.
-Entonces – titubeo mientras buscaba algo debajo de la túnica – es mejor que no llegues nunca - gritó mientras corría hacia su amo con un arma en la mano.

-Arlen deja de quejarte – gritaba el Neuro mientras le introducía una aguja para extraer sangre.
-Si tenéis una bolsa llena, - estaba cansado, todos los días desde hacía dos meses, había pruebas extrañas y dolorosas.
-Eres un quejica – le decía Erica que estaba a su lado – a mi también me quitan sangre – señalaba a la vía que le estaba succionando la sangre, el tubo subía hacia una maquina que diferencia hasta 20 tipos distintos de vitaminas y minerales, una vez analizada la sangre volvía a otra vía que estaba en su otro brazo. - y no me quejo tanto – decía orgullosa.
-Genial – se tiró en la camilla- hasta las niñas se ríen de mi – un carcajada sonaba de todas partes, tanto el Azuna como Ediondo se unían a ella.
Estos últimos dos meses la relación entre los cuatro se había hecho muy solida. Al principio la perdida de Hakara había sido un shock, no sólo para Arlen, sino también para Azuma. A veces Ediondo lo encontraba dirigiendo los satélites en busca de la nave. Un día se acercó.
-No creo que la encuentres, el universo es demasiado grande – le había dicho Ediondo.
-Sé a donde va – le contesto con tristeza – se reunirá con su madre y con su hermano.
-No se lo has dicho ¿verdad? - observaba una imagen de la luna negra.
-Esperaré a que regrese para decirle quien soy.
-¿Y si no regresa?
-Entonces na abra nada que contarle – exhaló
-pues dejala ir - Ediondo le dio un golpe en el hombro y se dio la vuelta. Azuna eliminó la imagen de la luna negra de la pantalla.
Desde aquel día no volvió acercarse a los monitores. Arlen, sufrió durante semanas de insomnio, pero fue la pequeña Erica quien le ayudó a pasar página. Por algún motivo la pequeña se había encariñado con él. Era ella quien lo llamaba por las mañanas, incluso cuando tenía pesadillas se metía en su cama y se quedaban los dos dormidos. Estaban juntos en las pruebas, aunque a uno de los dos no les tocara estar en la sala médica, siempre se hacían compañía.
Ediondo dejó una de las imágenes de su esposa en el nuevo comedor, llevaba puesto el hermoso vestido que uno de los maniquíes robot le había dado a Hakara; eran tan parecidas que el hecho de tener su imagen les hacia sentir una ligera esperanza de volver a verla algún día.
-Venga chicos, las últimas pruebas han salido geniales.
-Aún no somos capaces de eliminarlo – dijo Arlen
-Pero conseguimos detenerlo y las células infectadas las mantenemos al margen con las píldoras.
-No es suficiente – murmuró – necesitamos un antídoto.
-¿y tu? ¿que quieres que hagamos contigo? - Azuna lo miraba fijamente.
-Cuando encontremos el antídoto y mi cepa no sea necesaria, entonces la eliminaremos.
-Esta creciendo como un simbioide, quizás sea tarde.
-Prefiero arriesgarme.- su voz temblaba, sabia las consecuencias.
-No te preocupes - decía la dulce voz de la niña – yo te voy a curar.
La maquina que tenía la pequeña en el brazo empezó a pitar. Señal de que ya había terminado. Ediondo le sacó las agujas lentamente, no quería hacerle daño; su frágil brazo estaba lleno de moratones y marcas de pinchazos de días anteriores. Le parecía increíble que una niña tan pequeña fuera tan fuerte y capaz de contagiar esa fortaleza en los demás. Sin ella, no habría manera de detener el Cleniova.
-Señor – era uno de los robots – se mandaron las naves a los distintos sectores, varios planetas han mandado a un emisario y ofrendas, en agradecimiento por su labor.
-¿Que ha sido de los planetas infectados?
-Algunos Einsers están cuidando a los enfermos, también agradecen su ayuda. Se ha informado a los Ela y a los Suercos que tenemos una híbrida suya que es inmune a la enfermedad. Nos han mandado bolsas de su liquido vital para que la examinemos; están muy preocupados ya que sus sistemas planetarios están empezando a tener brotes de Claniova, solicitan que se les envié medicamentos y que facilitaran cualquier ayuda, incluso nos mandaron dos miembros sanos de cada sexo para que experimentemos con ellos.
-¿donde están?
-En el despacho con el resto de regalos y cartas.
Ediondo le dio un beso a la niña y con un gesto de mano se despidió de Arlen y Azuma. Siguió al robot a través de los pasillos. Una vez más el interior empezó a cambiar. Las paredes se volvieron negras y empezaron a estrecharse. Las puertas se cerrabas y se convertían en paredes solidas, nadie podía entrar ni salir.
Llegaron a un cuarto con estanterías llenas de libros y una enorme mesa en el centro llena de documentos. De un lateral apareció un hombre encapuchado. Se movía lentamente y en zigzag, parecía que cada paso que daba era un duro trabajo.
-Hola Ediondo.
-Buenas Drail, vaya sorpresa.
-Los rumores son correctos. - Drail sacaba su lengua de reptil – estas ayudando a curar el Cleniova.
-A si es – sonreía mientras se iba hacia la mesa – no tengo vacuna pero espero tenerla en poco tiempo.
-¿cómo te a través? - le gritó – eso va en contra de lo que debemos hacer, el Señor se va a enfadar.
-Vamos, sólo quiero ver como termina esto – se sentó en un sillón – la lucha entre la vida y la muerte, es diferente y estoy tan cansado de ver siempre lo mismo.
-¿esto te parece divertido? - gruñó – Estamos apunto de conseguir nuestro sueño de terminar con todo esto ¿y tu te dedicas a curarlos?
-¿Nunca has dejado sin comer durante varios días a unos animales para después darles de comer y ver como se pelean? - reía
-Me parece una forma estúpida de perder el tiempo.
-porqué no llevas vivo tanto tiempo como yo, ya nada me divierte – movía las manos con nerviosismo – sin embargo esto es nuevo y es tan entretenido, ya tengo un motivo para levantarme por las mañanas.
-Eres retorcido – se dio la vuelta – El Señor se encargara de ti.
-Puede ser, pero antes, - se levantó – estas en mi planeta y mi planeta tiene vida propia. Respeta a mis invitados, pero tú no lo eres.
Las paredes se movieron con violencia, el suelo se ondulaba bajo sus pies. Drail intentó moverse pero era imposible, el suelo lo estaba tragando. De debajo de la túnica apareció una larga y fina cola que luchaba por llegar hasta Ediondo, estaba demasiado lejos. El suelo se lo tragó, no tuvo opción para escapar.
-¿donde están? - contenía su cólera – los sujetos para la investigación, veo los regalos, las cartas, las bolsas de líquido de vida, pero no veo a los sujetos para la investigación.
-El señor Drail me dio instrucciones de que dijera eso.
-Eres mi robot y me mientes, interesante. - se levantó y fue hacía él. - creo que es hora de que te jubiles.
Se colocó detrás y desactivo varios comandos. Al momento una pequeña llama surgió del interior, los brazos y las piernas se soltaron y cayeron. El torso y la cabeza acabaron desintegrándose.
-Bueno. Volvamos al juego – sonreía mientras volvía junto Azuna, Arlen y Erica.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Capítulo 27 - Separación

Una vez más estaba frente al tentáculo rosado. Los rostros tenían una expresión extraña, parecían enfadados y muy alterados; susurraban entre ellos, y no hacían caso a la invitada. Ella permanecía en el interior de la placa, intentando llamar su atención, pero parecía que nada los sacaba de su susurro. Se acercó al borde de la placa, quería agarrar esa cosa rosada y golpearla. Estiro la mano para cogerla. En segundos la masa rosa se movió hacía ella. Una descarga golpeo tanto a las masa como a Hakara; sólo unos milímetros los separaba. Hakara aparto la mano de golpe, había actuado sin pensar, se sentía estúpida por caer en un truco tan viejo.
-Intentáis absorberme – Hakara se apartaba lentamente observando su mano.
-Bueno, si hubiera caído en la trampa nos demostrarías dos cosas – las voces parecían salir de todas partes – que no eres digna de la daga y que perderás con mucha facilidad.
-¿me ponéis a prueba?- estaba indignada – No voy a luchar por vosotros ni por nadie, mi objetivo es el que mi madre me enseño.
-Tu destino esta marcado, no podrás escapar de él.
-Yo escribo mi camino – gritó
-entonces – su voz era orgullosa – ¿porqué estas aquí? ¿porqué no te has ido ya? Quieres que te lo diga – bajo el tono de voz – Porqué puede ser real, porqué hay una posibilidad de que tengamos razón.
-¿como funciona? - les tendió la daga
-La boca del dragón, tienes que darle un poco de tu sangre, de esa manera unirás tu energía con la daga.
-No pienso hacer eso, - los observaba detenidamente – No pienso acabar como vosotros, seres sin cuerpo encerrados en un planeta estéril deseoso de engullir vida.
-El poder de la destrucción no es fácil de manipular si no esta ligado a un ser vivo.- gruñeron
-Tiene que haber otra manera. - les gritó
-Es tu decisión, sólo tú te enfrentaras a tu destino, si fallas, todos lo pagaremos – las voces parecían apagadas.
-¿qué más puede hacer la daga? - no quería seguir el rumbo de la conversación.
-Lo más importante es la unión de la energía, el resto son pequeños añadidos.
-¿cuales son los añadidos? - la conversación empezaba a enfurecerla.
-Cada gravado es un arma diferente, el doble filo, el poder del fuego...; pero casi todos se activan cuando sellas tu energía vital a la de la destrucción; sin eso, sólo tienes una daga normal y corriente.
-Entonces no tenéis nada para mi – se dio la vuelta
-Tenemos una cosa más que te puede interesar – sonrieron- el autor del Cleniova, la persona que creó y planeo todo esto.
-¿Pensáis que soy tonta? - Hakara se dio la vuelta- se que es él, a quien llamáis mi hermano. Mientra yo buscaba a los integrantes del experimento que encerró a mi madre, él estuvo organizando su propia venganza
-¿sabés que va hacer con vuestra madre? - las voces parecían burlonas – ella tiene el poder definitivo.
-va a por ella – susurro mientras daba la vuelta y volvía a la nave.
Hakara estaba dentro de la nave pensando en mil estrategias, no veía más alternativa que irse lo antes posible. No sabía si su hermano llegaría antes que ella o incluso si ya estaba en esos momentos haciéndole daño a su madre. Su corazón palpitaba de furia y de impotencia; tenia que ser rápida y la nave se movía muy despacio.
Cuando llegaron saltó al hangar, su nave estaba a escasos metros. Desde el otro lado escuchaba unas voces que se acercaban. Eran Arlen, el Neuro y su amigo. Por un momento vio dos caminos, ir a junto su madre o quedarse con sus nuevos compañeros. Ella había nacido para cumplir una misión, no para perder el tiempo jugando con los amiguetes.
Corrió hacia la nave, introdujo la tarjeta, la puerta se abrió; a su espalda sonaron unos gritos. Eran ellos intentando alcanzarla. Entro sin girar la cabeza, no podía pensar en nada más, tenía que centrarse en lo que debía hacer. En su mente sonaban las voces de los tentáculos que le repetían que tenía que mezclar su sangre con la daga, vender su energía a un instrumento que podía acabar convirtiéndola en nada. Mientras se cerraba la puerta observaba la daga, esperaba no tener que tomar nunca esa decisión, pero sabía que estaba posponiendo un hecho al que tendría que enfrentarse.
Entró al puente de control, en los monitores se veía la imagen de tres hombres golpeando la puerta, dos de ellos estaban encapuchados. Hakara esbozo una sonrisa, se alegraba de que Azuna estuviera recuperado. Ellos tenían que seguir su camino, ella no podía seguir llevándolos como si fueran sus mascotas.
Los motores se encendieron. Los tres hombres se apartaron de la nave cabizbajos y protegiéndose la cara del humo. Ediondo empezó a gritar a las maquinas. Las luces del hangar se encendieron y un chirrido oxidado movía un objeto de gran tamaño; intentaban cerrar el hangar para que no pudiera salir.
La nave se deslizo unos metros sobre el suelo. La puerta empezaba a cerrarse. Hakara, en el interior, cogió aire y lo expulso; apretó dos botones y la nave salio a toda velocidad del hangar, un ala golpeo ligeramente la puerta parandola y abollandola.
Los tres observaron incrédulos, Arlen daba patadas al suelo, sentía como algo importante se rompía dentro de él. Tenía preguntas que hacerle, preguntas que no serían respondidas hasta la siguiente vez que la viera y eso podía tardar mucho tiempo. ¿qué haría a partir de entonces? Se sentía perdido y desorientado.
Azuna observó a Ediondo. Bajaron la cabeza sin saber que decirse el uno al otro. Sólo Arlen seguía observando a la nada esperando que la nave volviera a recogerle. Pero Hakara ya estaba lejos de la órbita y pronto pasaría la galaxia camino a su futuro.
-vamos – dijo Ediondo – ella tiene que seguir su destino, hay otro para nosotros.
-¿un destino?- Arlen se giraba y gritaba- yo no tengo de esas cosas, soy un puto monstruo.
-Hay algo que quiero enseñaros - Ediondo comenzó a andar hacia el interior de la fortaleza.
Arlen y Azuna estaban a dos pasos por detrás. No quería dejarlo sin vigilancia, cuando se excitaba demasiado el Claniova enseguida se activaba. Había que vigilarlo. Siguieron por varios pasillos. Las paredes y el suelo se movían constantemente como si se estuviera reestructurando la fortaleza a cada paso de Ediondo.
Llegaron a una inmensa sala de colores brillantes, Arlen le pareció que ese debía ser el lugar que antes ocupaba el comedor. En el centro de la sala había una niña con un bonito vestido amarillo jugando con pequeños robots que semejaban su amigos y mascotas. Parecía feliz. En las paredes aparecieron cuadros e imágenes de niños felices jugando, además de otras atracciones que parecían luchar por ganarse la atención de la niña.
-Erica – llamo Ediondo – te quiero presentar a unos amigo.
-¿tu eres Erica? - Arlen recordó que Hakara le había hablado de una niña con ese nombre, también los doctores de Apria habían comentado algo de ella.
-Esta es una niña muy valiente – Edionio abrazaba a la pequeña que había corrido hacia él – la encontramos sobre los restos de un ciudad cúpula que había explotado en el fondo del mar. Todas las ciudades cúpulas fueron atacadas por los Aprios y los supervivientes convertidos por el Cleniova. Ella consiguió sobrevivir a todos – la abrazó con más fuerza.
- Sobreviviste al Cleniova – Azuna se acercó – increíble ¿como sobreviviste tanto tiempo?
-Me escondí – su sonriente cara se apagó, mostraba terror y dolor.
-Eres muy fuerte – le dijo Arlen mientras le apartaba un mechón de cabello del rostro.
-Dentro de un rato toca ir a comer, nos vemos – le dio un beso en la frente y le hizo una señal a los demás para que le siguieran.
Se fueron por el pasillo hasta la estancia de al lado. Desde allí podían escuchar las carcajadas de la niña. La habitación al principio silenciosa y vacía se transformó en un laboratorio en cuestión de segundos.
En las pantallas aparecieron varias imágenes de seres infectados de Cleniova. Unos robot les entregaban trozos de carne cruda. Ellos corrían despavoridos hacia la comida, incluso intentaban morder y deborar al robot, los que lo intentaban no se daban cuenta de que sus dientes se rompían o de la dureza del metal, estaban tan desesperados que acababan arrancando metal y tornillos.
-¿Que diablos estas haciendo? - grito Arlen.
-Miralos – le dijo Ediondo – fijate en lo que pasa una vez que terminan de comer.
Todos, casi a la vez, comenzaron a vomitar. Gritaban y se llevaban la mano a la garganta, luego al estomago. Un río de sangre se mezclaba con los restos de comida en putrefacción que expulsaban de sus bocas. Entre gritos una cosa se movía desde el estomago hasta su garganta, parecía viva, y moverse hacia el exterior como si hubiera algo dentro del ser vivo que lo dañara. Con un último jadeo los seres expulsaban una bola negra, que al contacto con la superficie se evaporaba y desaparecía. Los seres volvían a su estado normal, como si nunca hubiera ocurrido nada.
-Este es el principio de la cura para el Claniova – sonrió victorioso Edindo

jueves, 25 de noviembre de 2010

Capítulo 26 - Atragantados

La nave de paseo aterrizo dentro de la fortaleza. La robot abrió la puerta y ayudó a Hakara a bajar de la nave. Era muy incómodo moverse con el vestido; si tenía que luchar, aquel amasijo de tela le impediría desenvolverse. Se movieron entre el laberinto de pasillos. Un olor agradable provenía de todas partes, sus tripas empezaron a moverse y a rugir. Se dejó llevar por el agradable olor dejando atrás a la robot.
Ante ella había una mesa llena de delicados y exquisitos manjares que llenarían el estómago de veinte hombres. No se sentó, empezó a coger el alimento y a llevárselo a la boca, no le importaba que sus manos se ensuciaran o se quemaran. Todo estaba tan delicioso que ni siquiera se dio cuenta de que Arlen estaba sentado al otro lado. Comía carnes, pescados, verduras; quería probarlo todo, comerlo todo. Cada bocado cálido la ayudaba a olvidar las agujas, el flujo gelatinoso que la alimentaba cuando estaba hibernando dentro de la nave. Sentía unos minutos de paz, igual que cuando se había duchado con agua caliente; esa sensación de que el peso que cargaba se desvanecía.
Se quedo parada. Un ruido la había despertado de ese trance de glotonería. Hakara giró la cabeza, se quedo observando atentamente a Arlen mientras masticaba un tozo de carne. Hakara recordó cuando lo vio por primera vez, era un informador debilucho con una sola información que guardar. Ahora, gracias a esa cosa que llevaba dentro, había cambiado físicamente, más fuerte, musculoso; sin embargo, sus ojos seguían siendo los mismos.
-¿porqué sigues a mi lado? - Hakara se limpiaba la cara con una servilleta -¿porqué no te fuiste cuando pudiste?
-No tenía a donde ir, - dejo el tenedor a un lado del plato – tu eres lo más cercano a una amiga.
-Una amiga que te usa como si fueras un arma, que deja que te metan esa cosa en el cuerpo y no te dice nada- gritaba, su rostro era de dolor- he visto como matabas gente, como te la engullías, y no me daba pena, incluso, me sentí orgullosa.
-Fue aquel día, en mi planeta – había llegado el momento de hablar, aunque esperaba que la conversación fuera de otra manera, tenia que ser él quien gritara- me desmaye y me dieron a escoger entre tres platos.
-Escogiste carne cruda. Eso está en tu organismo, una inyección lo activa y otra lo neutraliza – se estaba sentando frente a él, intentaba mantener la compostura.
-¿porque yo? - lo poco que había comido estaba sentándole mal – hay miles de seres en el universo.
-Hicieron pruebas con los humanos que había en la colonia, sólo los de tu rama familiar, eran útiles. Tu madre había fallecido y tu hermana ya estaba infectada. Cuando llegaste fue un milagro para ellos. - Hakara no era capaz de verle a los ojos.
-Experimentaron con mi familia – Arlen susurraba.
-Ellos me dijeron como activarlo y como desactivarlo, se suponía que el Cleniova no te dañaría. Con el tiempo he visto como el Claniova te cambiaba. Ahora mismo eso que esta en tu interior esta luchando por apoderarse de ti.
-Me dices que al final seré como ellos, como esas cosas – una lágrima recorría su mejilla.
-Lo intenté, fuimos a Apria para poder hablar con el Plear, para encontrar una cura – juntó las manos- pero tu cepa esta modificada y no han encontrado cura para el Cleniova. Había una niña en ese planeta, su organismo es el único que rechaza y repele el virus, pero tanto la madre como ella están muertas.
-Tiene que haber una solución – no se rendiría fácilmente– si los Einser crearon esto, deben saber como eliminarlos.
-Ellos no crearon el Cleniova, solo intentaron controlarlo – Hakara levantó la cabeza- pero fallaron.
-¿que es lo que soy? - Le pregunto, sentía dolor, rechazo y furia, mucha furia – ¿un simbionte como Azuna o una de tus armas?
-Al principio – le costaba hablar, algo en el pecho la estaba ahogando, odiaba esa sensación- fuiste un arma, una de las mejores e indestructibles, aunque casi me devoras a mi también. Después, cuando Azuna te vio fuiste un simbionte a punto de dejarse devorar por el huésped.
-¿Estuve a punto de devorarte? - no había oído nada más, esas palabras lo dejaron horrorizado.
-En Dathor fuiste delante devorando a todo ser que se se te tropezaba. Devoraste a las hijas Shumnar mientras él y yo luchábamos a muerte. Cuando finalizaste fuiste a por nosotros pero pude pararte los pies antes de que me hincaras los dientes. A partir de entonces fue cuando empece a notar los cambios en tu cuerpo, tu musculatura, tu color; no te das cuenta pero en ocasiones tus venas se hinchan, es el Claniova intentando hacerse con el control. Tanto Azuna como yo te hemos estando vigilando y buscando una cura.
-¿porqué no me lo dijisteis? - su voz era un grito de furia- estáis hablando de mi y ni si quiera pensasteis en como me sentiría. Tu sólo pensabas en tu venganza y Azuna en meterse bichos bajo la piel – se levanto tirando la silla – ¿Me veis tan débil?, soy una mota en tu suela del zapato, un juguete para no aburriros.
-No digas tonterías, eres bueno con las armas y muy útil – Hakara no sabia que decir, pero la verdad es que lo habían tratado como un ser débil, como un niño al que hay que proteger.
-Nooo - grito- no lo entiendes, es más importante que ser útil- salto por encima de la mesa fuera de control.
-Arlen relajate.
-No me escuchas- su mano se cerro sobre el cuello de Hakara, sus ojos brillaban, un entresijo de venas aparecían en su rostro, la piel estaba cambiando de color.- Odias a los humanos por que no nos entiendes, no sabes nada de los sentimientos.
-Arlen – Le grito con fuerza mientras le daba una patada - no te dejes dominar por esa cosa.
Arlen se tiro al suelo con las manos en la entrepierna, emitía sonidos de dolor. Su piel volvía a la normalidad, el Claniova había desparecido; Arlen tenía el control de su mente y de su cuerpo.
-no dejes que esa cosa te vuelva o controlar si no...
-si no..- Dijo Arlen entre quejas-...¿me mataras?
-Esa es una opción que no me gustaría tomar – el vestido la agobiaba.
-Entonces esa es la última opción – le costaba hablar.
-Es la única opción si no encontramos cura.
-¿ya as pensado en como lo vas hacer?
-Intento no pensar en eso – Hakara se sentó en la silla.
-Al final eres la mejor amiga que conocí – empezó a llorar como un niño pequeño, se llevo las manos a la cara e intentó ocultar su angustia.
Se hizo un incomodo silencio. Hakara observaba a Arlen mientras escondía su rostro y se dejaba caer al suelo.
-Espero no molestar- una voz entraba en la estancia.
Hakara y Arlen se volvieron, para ver al intruso, era Ediondo. Sus rostros estaban llenos de dolor. Hakara se paso la mano por la cara; Arlen cogió una servilleta encima de la mesa y se limpio, no quedaba muy bien ver a un hombre llorando como un crío.
-Disculpanos - Hakara se puso bien el vestido y se acerco a él – estábamos discutiendo algunos temas.
-Quién...- sus palabras se atragantaban- te dio ese vestido?
-Un maniquí me lo trajo.
Ediondo agarro la capucha y escondió su rostro. Golpeo la pared con fuerza; de la nada aparecieron miles de cuadros que inundaron las paredes. En ellos había una pareja de humanos que parecían felices; los cuadros los situaba en lugares diferentes, sobretodo en la tierra cuando esta aún era prospera. Había una foto donde los dos amantes observaban el cielo, la luna negra aún no existía.
-Esa era mi esposa – Ediondo señaló un cuadro enorme.
En la imagen había una mujer muy hermosa de pelo negro y ojos verdes, en su rostro se reflejaba la vida y la felicidad. Llevaba puesto el mismo vestido que tenía Hakara, había una extraña similitud físicas entre ellas.
-sois muy parecidas – Arlen expulso la frase sin pensar.
-Bastante – la palabra era un grito de dolor.
-Esta imagen – la mente de Hakara no se paro en buscar parecidos, sino en otra cosa – fue antes de que apareciera la luna negra. Tu vivías en la tierra.
-Tanto Azuna como yo vivimos ese momento – parecía que su voz volvía a la normalidad – Fue una época de sombras y oscuridad.
-¿Qué ocurrió? – Hakara se acercó a él.
-Nosotros eramos científicos del proyecto Luna Negra. Cuando descubrimos que intentaban usar una humana, nos opusimos; creamos un grupo de resistencia contra el proyecto. Siempre que podíamos lo retrasábamos o lo saboteábamos. Así fue como conocí a Elisa,- señaló a los cuadros- ella era brillante, inteligente y audaz. Durante 5 años el proyecto sufrió todo tipo de problemas, - se reía por lo bajo- Nos descubrieron y nos enviaron lejos. Eramos científicos prestigiosos, muy conocidos y bien posicionados, si nos ocurría algo no podrían evitar que la información pasara a los medios de comunicación. Tenían que callarnos de otra manera.
-Había un grupo contra el experimento – murmuro Hakara
-Sólo retrasamos un hecho inevitable.
-¿Porqué seguís vivos? - Los ojos de Hakara perturbaban a Ediondo.
-Estamos esperando al gran día – la capucha se le bajo ligeramente, sus ojos mostraban una tristeza desesperante.
-¿El gran día?
-El día en que el universo vuelva a su origen, cuando el proyecto Luna Negra desaparezca.
-Estas hablando de mi madre – Hakara se fue hacia Ediondo con las manos cerradas - ¿quieres destruirla?
-Nunca la dañaría – levanto las manos en señal de alto – ella es muy importante.
-¿Porqué? – Hakara se detuvo enfrente de él.
-Ella es especial, la crearon para algo terrible, hay que liberarla – su voz era tajante.
-¿podéis liberarla? - su rostro cambió de golpe
-Eso es lo que intentamos hacer desde hace mucho tiempo.
Hakara lo observo detenidamente; no eran diferentes a ella. Habían perdido toda su ser esperando vengarse de un injusticia. ¿pero por qué? Ellos no tenían lazos de sangre como ella, simplemente luchaban por algo que no les parecía correcto. Mientras ella crecía en el vientre de la luna negra, ellos estuvieron esperando su momento para deshacer un daño que ayudaron a crear. ¿Qué debía hacer? Se suponía que tenía que matar a toda la gente del proyecto, pero había muchos que habían intentado salvar a su madre.
Se sentía perdida y confusa. Algo en su interior se movía con nerviosismo, todo el empacho de comida estaba peleando por hacerle un agujero en el estómago. La cabeza le daba vueltas, el Eco parecía sufrir con ella, empezó a mostrarle imágenes confusas de algo oscuro y negro, algo que estaba en el recuerdo de los dos pero que nunca había salido a la luz; un recuerdo reprimido.
-Cógela – le grito Arlen a Ediondo mientras Hakara se caía agotada al suelo.
-Voy – del suelo subió una acolchada cama que detuvo su caída.
Una luz la cegaba. Su ropa estaba sobre la cama. No recordaba lo que había pasado: estaba en el comedor, sintió un gran dolor en la cabeza y ahora estaba en la habitación. Se levantó y se quitó el vestido que tanto le molestaba. Debía hablar con los seres primigenios para mantener la última conversación.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Capítulo 25- Seres Primigenios

Una luz brillante apareció de la nada, no había ventanas ni sistema de alumbrado. Hakara se levanto de la cama. La habitación se ajustaba según las necesidades del ocupante. En una esquina apareció una mampara con una ducha, de la cual emanaba un chorro de agua caliente con un ligero aroma a rosas.
Hacia tiempo que no disfrutaba del calor del agua, ni del suave susurro que provocaba al chocar contra su piel. El aroma era embriagador; cada músculo se relajaba y la carga que tenia sobre sus hombros desaparecía con cada gota resbaladiza que jugaba en su espalda. Hasta el Eco en su cabeza parecía sosegado.
El beneficio del agua es un lujo. Se dice que el agua es señal de vida, pero en los últimos siglos era un bien escaso; sólo algunos planetas disponían de agua pura, casi todos estaban en la vía láctea. Grandes compañías universales crearon sus pozos para abastecer sus propios planetas hasta que dejaron secos los planetas; algunos, como la tierra y venus están en el listado de planetas en peligro de extinción. Esta completamente prohibido sacar agua de ellos; sin embargo eso no evita que haya contrabando y que algunos cuantos se enriquezcan de la pobreza de otros.
La yema de los dedos estaban arrugados, era hora de abandonar la ducha. Dio un paso hacía delante, la mampara y el agua desaparecieron mezclándose con el suelo y la pared. De repente estaba en una estancia vacía, desnuda, su ropa había desaparecido. A su lado algo empezó a tomar forma, parecía un robot en forma de mujer, tenia su misma altura y constitución. Era un robot maniquí que llevaba puesto un precioso vestido verde con bordados rojos y dorados; parecía propio de una reina.
Se fue por el pasillo principal, no quería que Arlen se despertara y la siguiera. Esta conversación tenía que tenerla ella sola. Se dirigió al puente de aterrizaje, esperaba que alguno de los robot de Edionio pudiera llevarla hasta los seres primigenios.
-hola señora- era un robot con estética femenina ¿es que no había ningún ser vivo?- tenemos la nave de paseo preparada.
-¿la nave de paseo? ¿a que distancia esta?
-A menos de media hora de aquí. El señor siempre busca ayuda en los seres primigenios, le gusta su conversación.
-Vámonos, cuanto antes lleguemos antes terminaremos. - Hakara observaba su alrededor, Arlen no había aparecido, estaría durmiendo.
-El señor me dijo que le avisara: los seres primigenios son muy diferentes a cualquier forma de vida.
-Gracias, ahora vámonos – ordenó- tengo prisa.
La nave de paseo estaba preparada; era pequeña de forma redonda y acristalada, perfecta para ver el paisaje. Su interior estaba preparado con todo lujo de detalles, cojines cómodos de plumas de Ercoave, bebidas de todas partes de la galaxia, luces que se adaptaban a la tonalidad de la piel y a los ojos del ocupante; temperatura suave y el olor a rosas volvía a a inundar el ambiente. Tanto la fortaleza como la nave estaban preparadas con alta tecnología para la mayor comodidad de los ocupantes. Sin embargo sólo había un ser vivo al que servir, Edionio.
Se puso en marcha. Desde la cristalera podía ver el color de la tierra rosada. Había rocas gelatinosas que se movían lentamente. La suave brisa movía la arena hacia las rocas, las cuales eran engullidas y formaban rocas más grandes.
No sólo no había seres vivos en el fortaleza, tampoco había visto ninguno en todo el camino. El eco volvía a activarse, intentaba avisarle de algo. Cerro los ojos, se relajó y dejo que El Eco tomara el control; eran pequeñas escenas borrosas. En la primera aparecía un planeta lleno de plantas y extraños animales, el color rosa, rojo y marrón eran los predominantes. El ciclo de la vida era parecido que el de la tierra. Otra escena; un gran alboroto, los animales y las plantas desaparecían engullidos por la tierra, era como si algo maligno se hubiera apoderado del planeta. La última, era la nada; no había ningún ser sobre el planeta, todo era liso y del mismo color rosado; no había zonas con manchas o con relieves, era una vista interminable.
Las visiones se terminaron. Los seres vivos que habían sido engullidos ¿los engulló o forman parte del sistema pensante del planeta? Tenía dudas y muchas preguntas; pero no sabía hasta que punto debía involucrarse. Lo único que necesitaba era la información sobre la daga y se iría lo antes posible.
Un gran arco dorado brillaba en el horizonte, en el centro, una plataforma se mantenía suspendida sin ningún tipo de pilar o soporte. Había unos gravados que destacaban entre aquel mar de luz; letras negras, su luz se había apagado.
La nave se paro a unos centímetros de la plataforma. La puerta se abrió. Hakara esperaba que la nave se posara, pero aquello que mantenía la plataforma en el aire no soportaría el peso de una nave. Con los motores aún rugiendo Hakara salto a la plataforma y antes de que se diera cuenta la puerta se cerró a su espalda y la nave se alejo.
Hakara observo a su alrededor, estaba sobre una plataforma a varios kilómetros del suelo. Sin poder huir a ninguna parte. Se la habían jugado, todo era una trampa sin escapatoria. ¿Lo había planeado Azuna? ¿O era obra de Edionio? Aquí se acababa su venganza, le había tocado pagar por sus crímenes; tenía tanto por hacer, tanta gente a la que matar. Había sido un error trabajar con dos seres humanos, son mentirosos, crueles y traidores.
-quien esta ahí- eran varias voces que hablaban al unisono- ¿quien nos molesta?
-Soy Hakara – el arco empezó a brillar con intensidad.
Del suelo apareció una masa rosada con varios rostros dibujados. La masa se movió, de la tierra salió un tentáculo gigante que subió hasta llegar a su altura. Tanto la masa rosada como Hakara se quedaron en silencio observándose. En un movimiento rápido la masa intentó atacarla pero cuando estaba a escasos centímetros la plataforma brillo, se produjo una descarga que detuvo al tentáculo rosado. Hakara recordó las imágenes de la masa rosada engullendo seres vivos, seguramente intentaba hacer lo mismo con ella. El anillo y la plataforma estaban preparados para proteger la plataforma de los seres primigenios.
-Quería vuestro consejo- El tentáculo cambió de forma, ahora había seis rostros, uno seguido del otro.
-Eres tu – dijo uno de ellos- te estábamos esperando.
-Necesito información – No llevaba la daga con ella – sobre un daga, su mango tiene inscripciones, si las pulsas aparece un doble filo negro.
-¿Donde esta?- los rostros empezaron a hablar a la vez y a moverse, expresaban tristeza, desesperación, temor y esperanza.
-No sé donde esta, pero oí hablar de ella, si tuviera más información quizá conseguiría encontrarla – tenia que jugar bien sus cartas.
-Ya deberías tenerla – era una voz suave- es tu destino, ella te busca y tu la buscas, es necesaria para el gran momento.
-¿el gran momento?
-Cuando los dos hermanos escojan sus caminos y se enfrenten. Ese día el destino del universo estará en sus manos.
-No entiendo como dos personas pueden escoger el destino de todo un universo, es ridículo.
-No son dos persona- dijeron a la vez- son hijos de la fuerza del universo, no tienen padres físicos. Su verdadero ser esta encerrado en un caparazón con forma humana; cuando llegue el momento se mostrara su forma.
-¿porqué la daga y no otra arma?- Había armamento muy poderoso que podría desintegrar a un seres en microsegundos.
-Fue antes, hace mucho tiempo, cuando teníamos cuerpo. Viajamos por el universo buscando respuestas a miles de preguntas. Ayudamos a los seres inferiores para que evolucionaran rápidamente. En nuestra búsqueda encontramos algo nuevo, un poder inimaginable, era lo que había detrás del poder de la creación, es decir: la destrucción. Hicimos miles de pruebas; sabíamos que un poder no podría sobrevivir sin el otro; pero nos asalto una duda: si ahora mismo estamos bajo el dominio de la creación ¿cuando llegara la destrucción? Elaboramos una teoría sobre el fin del universo. Quisimos igualar la lucha que tanto la creación como la destrucción tuvieran una batalla igualada. Teníamos el universo en nuestra mano y casi no había secretos para nosotros. Los cielos estaban llenos de hermosas criaturas extintas y no había ningún ser que pudiera pararnos los pies. Buscamos y encontramos una manera para unir ambos poderes en una daga sellada. Cada símbolo, su forma, todo esta pensado para mantener el poder encerrado en su mango. Se crearon dos, una blanca y una negra.
-Sigo sin entender por que unas dagas y no un cañón de plasma.
-Hay algo que es indestructible, y eso es la energía – una de las caras se ponía seria- de donde nació uno puede nacer otro, la única manera de eliminarlo es encerrando su energía o transformarla en algo que no sea dañino. Cuando los dos hermanos luchen, lo que importara son sus energías, sus cuerpo inmortales. Las armas destruyen el caparazón, el cuerpo físico, pero eso no destruye la energía de la que ha nacido; con el tiempo esa energía se encerrará en otro caparazón y volverá. Una puñalada con una de las dagas y la energía sera absorbida por uno de los poderes.
-¿Porqué tiene dos hojas? No es necesario si están hechas para enfrentarse.- tenia más preguntas, pero debía ir poco a poco.
-Sabíamos que la vida acabaría, pero somos egoístas – unas pequeñas risas salieron de la nada- no queríamos morir asique hicimos trampa. Pusimos una doble hoja en la daga blanca, esa daga debe pertenecer a quien defienda la vida y podrá enfrentarse a su enemigo usando los dos poderes.
-¿Sabéis donde pueden estar? – Una la tenía ella, la otra la había visto a través del Eco en un lugar del universo, si ella conseguía las dos dagas podría destruir a su hermano y tendría la único arma que podría destruirla a ella.
-La daga oscura la tiramos a un agujero negro, uno de los más grandes del universo, su gravedad es perfecta. Hay un punto exacto donde la daga puede estar en el vórtice sin ser absorbida; pero cualquier ser que intente acercarse será absorbido hacia su interior al instante.
-¿que fue de la daga blanca?- las caras cerraron la boca, se hizo un silencio incómodo.
-creamos un altar gigante, y la protegimos con varios sistemas de seguridad. Estábamos tan cegados por el poder de la daga que unimos nuestra propia energía con el poder de la creación. Si alguien intentaba sacarla todo ser viviente del planeta se daría cuenta.
-¿Donde está? - sabía la respuesta a esa pregunta pero aún así tenia curiosidad.
-Un octario llego a nuestro planeta, lo tratamos con cariño. Era uno de nuestros hijos, igual que los humanos, os ayudamos y os vimos crecer, para nosotros erais unas criaturas hermosas. Empezasteis a mataros, a crear guerras y a destruiros entre vosotros. Os dimos la espalda de la misma manera que vosotros nos disteis la espalda a nosotros. Nos disfrazamos de vosotros, os dimos reglas, normas y os ayudamos. Por mucho que lo intentamos sólo os matabais, incluso buscasteis en nuestras enseñanzas escusa para infundir odio. El octario robó la daga, creíamos que era curiosidad, pero se escapó del planeta con ella. Cuando intentamos recuperara ya era tarde. Creemos – dijo una voz tímida- que tuvo algún tipo de ayuda.
-¿Ayuda?
-Era imposible sacar la daga sin que ninguno de nosotros lo notáramos. Además siempre había alguien vigilando; pero ese día no había nadie, cogió la daga y escapo. Lo tenía todo planeado, una nave estaba escondida en un hangar cerrado y preparada para despegar.
-¿Creéis que fue alguien de dentro, uno de vosotros?
-Eso es lo que más nos duele, uno de nosotros causo este desastre. Pero en todo este tiempo nunca lo encontramos, jamás supimos quien fue el traidor.
-El traidor ¿se fue con el Octario?- era una posibilidad, nadie traicionaba su planeta y a sus gente sin motivo.
-En aquella época muchos de nosotros viajábamos a otros planetas, algunos acababan adaptándose tanto que se quedaba a vivir allí. Si alguien se fue, no sabemos quien pudo ser.
-¿que pasó después?
-Nuestra energía estaba conectada a la daga, sin ella nuestros cuerpos se morían pero nuestra energía se fundió con la tierra y con todos los seres vivos que poblaban este hermoso planeta. Nos mezclamos y nos convertimos en una masa con inteligencia colectiva; un cerebro expandido en cada una de nuestras células. De repente toda la existencia y la vida tenían una razón de ser.
-El que ayudó al Octario, si era de los vuestros, ¿también se habrá transformado en un ser sin cuerpo?
-Depende, el puede seguir vinculado a la daga, si es así tendrá un cuerpo físico. Si no, puede que este fundido como nosotros, pero en ese caso necesitara estar unido a otro ser vivo.
-Necesitáis seres vivos para subsistir, por eso me atacasteis. - Hakara observo la masa, ahora comprendía porque Azuna tenía que venir aquí – vosotros necesitáis vida y los que tienen vida os necesitan para seguir viviendo.
-Una paradoja, ¿verdad? - se reían a carcajadas.
Un ruido, a su espalda la despertó de sus pensamientos. El tentáculo lleno de rostros se movía lentamente como una culebra a la espera de una víctima a la que atacar. Hakara se dio la vuelta, la nave estaba detrás de ella con la puerta abierta. La robot le tendía una mano para ayudarla a entrar.
-Es hora de que descansemos- hablaban todos a la vez- debes irte
-No puedo irme, tenemos mucho de lo que hablar.
-Nosotros seguiremos aquí cuando vuelvas.
El tentáculo empezó a bajar, volviéndose a fundir con la tierra. No hacían caso de los gritos de Hakara. Simplemente había llegado la hora de descansar. Cerro los puños con fuerza. Tenia información de las dagas, pero no la necesaria. Sabia que tenia dos empuñaduras, pero guardaba más secretos ¿como habían manejado el poder de la creación y de la destrucción?¿que eran los demás símbolos? Se dejo llevar por la curiosidad y no hizo las preguntas más importantes.
Al final Ediondo tenía razón, tendría que volver una vez más.