Capitulo 20 - Escapar
Se precipitaron al interior del laboratorio. Adula los observaba asustada. Las probetas y otros utensilios estaban rotos en el suelo. Hakara estaba fuera de control, había destrozado el lugar en segundos. El Dr. se escondía en una esquina; Azuna lo vigilaba de cerca. Arlen se movía de forma nerviosa por toda la sala, no le gustaba estar cerca de los experimentos, temía contagiarse con algo.
En la pantalla principal aparecían varias imágenes de la ciudad. Las sombras se movían detrás de las ventanas de las fantasmagóricas viviendas. De vez en cuando aparecía un ser corriendo por las calles, huyendo los que una vez fueron vecinos, familiares y amigos. Los gritos surgían de la nada rompiendo el silencio azulado.
-Las luces – Hakara estaba nerviosa - ¿se puede alejar a los contaminados con ellas?
-No, la visión de un contaminado cambia cuando esta activo – El Dr. hablaba con pesadez- sólo podemos alejar a los que no están activos, pero en cuanto huelan a carne; perderán la razón y nada los detiene.
-Antes recorrimos las calles y ninguno nos ataco ¿Por qué? – Arlen seguía dando vueltas a la estancia.
-Estaban encerrados en sus habitaciones.
-¿Porque están sueltos? – Hakara volvió a golpear los instrumentos que les rodeaba.
-Erica - suspiro Adula - buscando a su madre entro en varios pasadizos. Muchos de esos monstruos escaparon y en su afán de comer han liberado a los demás. En cuestión de horas invadieron la ciudad cúpula.
Hakara se pasaba la mano por la cara de forma nerviosa. La nave estaba en la superficie. La única manera de llagar a ella era por el ascensor burbuja, pero se encontraba a un kilómetro.
-Los pasadizos, - El Neuro murmuraba – podemos movernos a través de ellos hasta llegar a la burbuja.
-Los pasadizos están llenos de contaminados – Hakara recordó los ruidos cuando husmeaba con Erica, pensaron que eran soldados, pero estaban equivocadas. – No saldríamos con vida.
-Es la única oportunidad, si nos exponemos en las calles seremos un blanco fácil – Azuna movía las manos con nerviosismo.
-Y si nos metemos en los pasillos estamos acorralados. – Hakara golpeaba un utensilio de cristal que desparramo un líquido gelatinoso; la expresión de Adula era de dolor.
-¿y ellos?- Arlen los señalaba con un dedo inquieto – no creo que se hayan encerrado aquí sin tener una medio para escapar.
Adula y el Dr. cruzaron una mirada de complicidad. Eran científicos, gente supuestamente, inteligente; debían de tener alguna salida de emergencia; nadie se suicida por amor a la ciencia.
Hakara se acerco a ellos con la daga en la mano. Arlen bajo el dedo acusador y su rostro nervioso muto por un semblante más serio. Azuma apunto el arma hacia la cabeza del Dr. Querían la información que ellos escondían, y la querían ya.
-Hay un pasillo que no ha sido invadido – Adula hablaba con voz temblorosa.- Se construyó por si ocurre algún imprevisto en el laboratorio.
-¿Dónde empieza y donde acaba?- La daga de Hakara estaba a escasos centímetros del ojo de Adula.
-En la habitación contigua, nos lleva directamente a una burbuja que conecta con el tubo de salida.
Hakara alejo el cuchillo lentamente. El plan de los doctores era huir por el conducto abandonándolos a su suerte en aquel lugar. Era una buena estratagema si querían eliminar las cepas de virus; la mutada y la de Arlen. Sin embargo esta pesadilla no terminaría hasta que el virus original fuera destruido.
-Antes de irnos necesitamos una cosa – Hakara se apoyo sobre la pared- la ruta del Plear, necesitamos conocerla para saber donde tenemos que ir.
-Olvídate del Plear – Azuna la observaba con frialdad – no intentes salvar el universo, esta podrido.
-¿el universo? – esbozo una siniestra sonrisa – quiero conocer al que dice ser mi hermano, nada más. – su sonrosada lengua acaricio sus carnosos labios. Arlen no podía apartar la vista de un gesto tan sensual.
-¿Dónde está la nave? – Arlen le dio una patada al herido doctor.
-En la habitación contigua están todos los datos que poseía la nave – era un hombre orgulloso, pero su fuerza residía en sus neuronas; era un bebe ante un ataque físico.
Sin mediar palabra Hakara se dirigió hacia la puerta. Azuna obligo al doctor a levantarse. Arlen empujaba a Adula para que se moviera, ella intentaba resistirse con sus movimientos ondulantes, pero Arlen se pegaba a ella como una lapa a una roca.
La compuerta se abrió y un grito retumbo las paredes. El olor a carne viva había impregnado el edificio, los infectados los habían localizado.
El interior parecía un almacén. Había objetos esparcidos por todos lados, algunos formando montículos y otros tirados sobre cajas. Hakara y Azuna empezaron a buscar sobre los montículos más cercanos. Arlen se encargaba de vigilar a los doctores, podían aprovechar el momento para escabullirse por el pasadizo.
Hakara dio un grito de alegría. Dentro de una caja polvorienta había armas de toda clase. Azuna abrió todas las cajas que había en la estancia dejando al descubierto un arsenal propio de un ejército. Se repartieron las armas e incluso le dieron alguna a Arlen, toda ayuda era buena, aunque dudaban de su pulso como tirador.
Un rugido sonó cerca de ellos y una marabunta de pasos y golpes les rodeaban. Tenían que huir.
Al fondo sobre una mesa de cristal líquido, estaba sumergido el ordenador principal de nave del Plear. El Dr. había tenido la misma idea que Hakara: hacer un plano de los últimos planetas que había visitado hasta descubrir el origen del virus. Azuna metió la mano en el gelatinoso líquido y arranco el ordenador de sus viscosas conexiones. Lo guardó y se fue corriendo hacia los doctores; era hora de salir de aquel lugar.
Adula puso su mano sobre la pared, movió los dedos con rapidez, como quien teclea en un teclado invisible. Un chasquido y una pesada puerta giro hacia un lado. Unas luces azuladas se encendieron al otro lado iluminando el túnel. Hakara activo su Eco, aquella luz azulada debía de tener alguna misión aparte de mostrar el camino.
Se adentraron en el interior. Delante iban los doctores; detrás con las armas preparadas, Hakara, Azuna y Arlen. El conducto era lo suficientemente espacioso para estar de pie y hacer una hilera de dos en dos. A diferencia de los que había recorrido Hakara, este seguía siempre recto, no se bifurcaba y no había un segundo túnel que lo atravesara.
El Dr. se paro de golpe. Observaba su alrededor como si algo hubiera llamado su atención. Adula movía su cuerpo con nerviosismo, como si pudieran sentir algo que a los demás se les escapaba.
Un sonido metálico rugió por todas partes. Algo se acercaba por detrás. Arlen comenzó a temblar, tenia en su mente la imagen de los cadáveres esparcidos por su habitación. No querría imaginar que monstruo era capaz de hacer algo tan atroz y mucho menos encontrárselo.
Los doctores apuraron el paso. El sonido metálico se acercaba y se duplicaba. Hakara preparo las armas que llevaba encima, todo un arsenal; el Neuro se preguntaba como podía cargar con tanto peso y moverse de forma tan ligera.
Su paso apurado se convirtió en una carrera contra el sonido que les acechaba. Un grito de la nada; estaban dentro del conducto. Un golpe seco al otro lado de la pared. El olor a carne viva los estaba volviendo locos.
Los golpes eran cada vez más fuertes y los gritos eran los coros de los muertos. Arlen vio una sombra detrás de ellos. Con la mano temblorosa agarro el arma que le habían dado y disparo. Un pequeño dardo se incrusto en la pared y una descarga eléctrica de un metro de diámetro electrocutó todo lo que estaba cerca. Un olor a carne quemada sustituyo el oxigeno y ahogo las fosas nasales.
Hakara se giro hacia Arlen y movió la cabeza con asentimiento. Su verdadera preocupación no era el momento en que encontraran a los contagiados, sino, cuando Arlen se encontrara con ellos.
El doctor no podía moverse muy rápido a causa de la herida; Adula lo agarraba de una de sus pinzas. Azuna observaba a su alrededor con el arma preparada para disparar a cualquier cosa que apareciera de la nada.
-Ya falta poco – jadeaba Adula
Un estruendo rompió la pared y del boquete apareció una mano ennegrecida que se aferró al brazo de Adula hasta que broto un hilo de sangre azulada. Azuna disparo a aquel horrible brazo que se deshizo en una papilla de carne podrida.
Otra sombra cabizbaja corría hacia ellos. Azuna empujo a los doctores al suelo y disparo aquel ser deforme hasta que se deshizo. Desde atrás Arlen disparaba contra las sombras. Hakara vigilaba a Arlen, le pareció ver una pequeña tela de araña en el cuello; no quería matarlo, pero no podía eliminar esa posibilidad.
Los crujidos, los gritos y los ruidos metálicos habían cesado; parecía que los contagiados se habían asustado y habían huido. El Eco la estaba advirtiendo de algo; algún dato que ella había pasado por alto. Los contagiados no abandonan carne viva Cuando atacaron el planeta Dathor, por mucho que Arlen devoraba siempre tenia hambre nada era suficiente. No se darían por vencidos.
Azuna ayudó a los Doctores a levantarse. Hakara les empujo, no había tiempo para lloriqueos ni quejas. Debían salir lo antes posible o serían atrapados.
Arlen no pudo evitar fijarse en el brazo que Adula ocultaba. Había dejado de sangrar pero la carne alrededor de la herida estaba cogiendo un color mohoso, un verde putrefacto que tenia muy mal aspecto.
-hay que cortarlo – lo dijo lo suficientemente alto para que todos escucharan.
-Que dices – grito el doctor
-Se esta gangrenando – Arlen señalaba el brazo con repulsión
Hakara se acerco a la mujer que temblaba como un flan. Un golpe seco, un silbido y un grito. El brazo de Adula descansaba en el suelo. La Mie no podía mantenerse en pie, estaba en estado de shock, observaba su brazo inerte pudriéndose con rapidez. El dolor era mínimo, Hakara había usado un arma que mataba los nervios, después solo tuvo cortar. Fue tan rápida que ni Adula ni nadie pudo impedírselo.
El doctor agarro el brazo sano de la Mies y empujo por ella; se movía como una muñeca de plástico sin razón y sin expresión. Cambiaron las posiciones para poder cubrir el terreno con mayor seguridad, Azuna y Hakara iban delante, los doctores en el medio y Arlen detrás.
Ya podían ver la burbuja y el conducto que les llevaría hacia el exterior. En ese momento no importa nada. Todos corrieron en desbandada, sin mirar atrás y sin preocuparse por sus compañeros; la sensación de alivio empezó a nacer en sus corazones. Azuna y Arlen esbozaban una sonrisa nerviosa mientras jadeaban por ser los primeros en llegar.
Cuando la burbuja se puso en funcionamiento, las risas nerviosas de Azuna y Arlen se convirtieron en carcajadas; se abrazaron y golpearon como si fueran amigos de toda la vida. Hakara los observaba, aún seguía inquieta, no celebraría su huida hasta que estuvieran fuera del planeta. Le quedaba una cuestión ¿Qué haría con los doctores?
Desde fuera podían ver la ciudad cúpula. Había pequeñas reuniones de infectados devorando aquellos que estaban en la fase del virus inactivo; en unos días toda la población de la ciudad estaría extinguida. Las luces que mantenían el orden, estaban fuera de control, se encendía, se apagaban, cambiaban de gama cromática; era como si un niño estuviera jugando con ellas.
Hakara sintió un hueco en el pecho, ¿Dónde estaría Erica? No pudo cumplir su promesa. Ahora la pequeña estaría ahí abajo atrapada sin poder salir. La pequeña moriría, si no estaba muerta ya; por lo menos no descubriría que su madre estaba muerta, se ahorraba ese dolor.
Fuera de la ciudad cúpula varios Apreos observaban consternados lo que estaba pasando; muchos nadaron hacía otras ciudades cúpula para dar la voz de alarma. Algunos se acercaron al conducto y a la burbuja, Azuna supuso que estaban vigilándolos, para ver si estaban contaminados o si seguían siendo normales. El grupo de Aprios crecía alrededor de la ciudad y sus rostros pasaron del espanto a la furia.
La burbuja llegaba al exterior, los rayos de la estrella más cercana rompían el azul del mar. La hoja de Pea donde dejaron la nave se hacía cada vez más grande.
-¿Qué ahí a su alrededor? – Arlen observaba algo extraño que se movía en el borde de la hoja.
-Déjame ver – Azuna hizo algo extraño con su ojo derecho y este cambio de forma y color. – Son infectados luchando entre ellos; también hay Apreos, cogen a los infectados y los ahogan.
-¿porque hacen eso? - Arlen observaba la superficie, según se acercaban podían ver cadáveres de infectados y de Apreos flotando.
- Algunos infectados subieron en la otra burbuja – Hakara se esperaba un último encuentro, aunque no había pensado que esos seres podían ser tan inteligentes- Los Apreos no quieren dejar que los infectados escapen.
Antes de llegar a la superficie, Arlen, Azuna y Hakara se habían colocado detrás de la puerta con las armas preparadas para su uso. El plan era que Arlen disparara primero, la descarga mataría a varios y a los supervivientes los alejaría lo suficiente para pasar entre ellos. Los que estuvieran fuera del diámetro de electrocución se descompondrían bajo el arma de Azuna. Para defender los demás flancos las potentes armas de Hakara, con ellas podía hacer que un ser explotara, ardiera, se desintegrara o implosionara.
La burbuja se abrió.
lunes 21 de junio de 2010
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Muy bueno llevo tiempo esperandolo
ResponderSuprimirGracias
Muchas gracias. Espero que una vez más podais disculpar mis faltas y mis malas expresiones, intentare corregirlo lo antes posible.
ResponderSuprimirUn besazo