viernes 20 de agosto de 2010

CAPITULO 22 - HERMANO

Nova Antor, una de las lunas de Eris, orbita en el sistema binario Proteus, juntos describen una elipse entre sus dos estrellas. Nova Antor es un duro lugar para la supervivencia, pues un árido desierto de zinc reviste gran parte del planeta, las gélidas tormentas asolan sus pozos naturales de agua manteniéndolos helados.
Los habitantes de Nova Antor conquistaron el satélite arrasando a la población nativa y esclavizando a los mejores ejemplares para trabajar en la extracción de plutonio, material abundante en Eris.
En un principio, los invasores, tan sólo querían hacerse con el preciado plutonio, sin embargo, dada su privilegiada situación estratégica, el imperio decidió colonizar la luna para fines militares, así como mercantiles. Paulatinamente la colonización siguió su curso, esparciendo ciudades de corte industrial por todo el planeta, largos oleoductos y potentes centrales de engría para abastecer a la creciente población. Debido al difícil terreno, la población se ve obligada a deambular por el planeta en buguis.
Sin embargo, a causa del magnetismo de sus soles, las comunicaciones restan inutilizadas, solamente disponen de una ventana de una hora por cada día solar, momento en el cual la actividad comunicativa es frenética.
Las minas de extracción en Eris, son un infierno helado, los conquistados mueren a diario, bajo el yugo de los látigos eléctricos de sus carceleros, por los gases tóxicos, o simplemente de agotamiento.
Las perforadoras de Eris trabajan continuamente en busca del material preciado

El sonido de los latigazos era ensordecedor, gemidos, gritos, cuerpos malolientes y desnutridos; ese era el paisaje diario en Eris. Sus habitantes simples nativos obligados a la esclavitud, vivían sólo para trabajar en las minas, allí nacían y allí morían. Durante décadas lo único que habían obtenido de las minas era plutonio para uso militar y para su venta a grandes planetas con grandes guerras. Parecía que nunca se iba a agotar, hasta que hace dos años las minas se secaron.
Los Erianos esclavizados trabajaban hasta desfallecer para poder sonsacar hasta el más pequeño trozo de Plutonio. Incluso, llegaban a rascarles la piel para aprovechar hasta la más pequeña partícula. Eran tiempos oscuros, el planeta parecía haber caído en la desgracia y sus habitantes tanto esclavos como invasores morían de hambre y vivían en la mundicia.
Entonces de la nada apareció un ser sin nombre. Su nave en llamas callo sobre Nueva Antor. Los Invasores corrieron a recoger las piezas de la nave terráquea, cuando el ser, ileso, salio tambaleándose. Lo invasores veían un nuevo esclavo; uno más alto, más robusto, con manos grandes y piernas fuertes, era perfecto para cargar.
Cuando los Invasores fueron a por el, se defendió, recibió golpes y latigazos; pero su cuerpo no se dañaba. Su agilidad y fuerza hizo que aquel combate durara muy poco. Los invasores se agruparon, el hombre era fuerte pero no podía contra cincuenta Invasores, aunque fueran más pequeños y torpes. Lo rodearon y lo guiaron hasta la gran fortaleza.
Lo que ocurrió en el interior de la fortaleza es un misterio. Sólo un ser salio con vida y con el titulo de soberano del mundo y por tanto de su satélite: el extranjero sin nombre.
Los seres más poderosos se levantaron en armas, no estaban dispuestos a seguir a un ser que no conocían. Veían como sus privilegios corrían peligro y sus bolsillos temblaban ante la idea de un cambio. Los rumores encolerizaban sus oídos y su orgullo crecía con sus ganas de poder. Si mataban al ser sin nombre, comenzaría una guerra entre los poderosos para otorgarse el titulo de soberano; se relamían con la simple idea del botín.
El momento de medir fuerzas llegó. El hombre sin nombre se presento solo. Los poderosos se reunieron en el lugar más alejado, a sus pies un ejercito de fuertes esclavos esperaban sedientos una guerra donde podían terminar sus tristes vidas. Los poderosos observaron inquietos, el hombre sin nombre venia sin ejercito, sin ayuda, sin ningún tipo de maquinaria de guerra; estaba solo y parecía que no vendría nadie más. Los poderosos avecinaban el final y sonreían a su buena suerte, hasta que una frase lo cambio todo: si yo mando, se acabo la esclavitud.
El silencio reino durante unos segundos en el planeta y en los corazones de cada ser. Los esclavos conocían su vida en manos de los poderosos, pero sus vidas podían dar un giro inesperado si quien diera los órdenes fuera alguien diferente. En sus mentes se dibujaba un sueño olvidado y la meta de una realidad posible.
Aquel basto ejercito giro hacia el lado contrario y en unos minutos la sangre de sus amos y verdugos manchaban sus manos. Gritos de felicidad, llantos de tristeza y silencios amargos marcaban la coronación del ser sin nombre.
El sin nombre cumplió su palabra a medias; no había latigazos, las hembras más débiles se quedaban en casa y un grupo de machos se ocupaban de reforzar las viviendas con los restos de las casas de los nobles. Sin embargo el trabajo de la mina seguía siendo la principal fuente se supervivencia en aquel airado planeta. El nuevo rey no sólo mantenía las antiguas minas abiertas, sino que había abierto unas nuevas en las que sólo los hombres más fuertes podían trabajar. Los rumores sobre las excavaciones empezaron a intrigar a los más curiosos, por lo que, para mantener el secreto se creo una barrera; en el interior se creo una nueva ciudad donde la gente vivía para la mina sin poder relacionarse con nadie del exterior.
Había gente que aseguraba haber escuchado gritos al otro lado del muro, pero nadie se atrevía ha acercarse, temían incluso a hablar. El hombre sin nombre se ocultaba en las sombras, nadie lo había visto desde la matanza de los poderosos; se había encerrado y nunca salía de su guarida. Tenía a varios esclavos que habían aumentado su poder social bajo sus ordenes, eran los que vigilaban y gobernaban el planeta según los deseos del Sin nombre.
Durante meses varias naves aterrizaban para llevarse el material de las minas, y pasaban por el sector prohibido. Los seres que volvían a sus naves llevaban consigo una bolsa extraña y en sus cuerpos aparecían pequeñas venas con forma de tela de araña que aparecía y desaprecia como si tuvieran vida propia. Algunas naves no regresaban nunca.
Las poblaciones más cercanas se fueron alejando de aquel lugar, era más fácil no ver y hacer como si nada ocurriese a pensar que algo horrible estaba pasando a escasos metros de ellos.
El plutonio, antes escaso y casi extinto apareció de nuevo en las profundidades de las minas como por arte de magia. La gente se concentró en volver a sacar el material, pero esta vez, gracias a los cambios, se llevaban un tanto de la producción diaria, con esas ganancias pudieron empezar a conocer una nueva manera de vivir sus vidas y de conocer el olor de la libertad.

En el interior de la fortaleza mecánica se escucha el eco de unos pasos metálicos, el sin nombre se acercaba. En la sala varios seres de diferentes puntos estratégicos estaban de rodillas. Sus caras solemnes observaban el suelo; tenían completamente prohibido verle la cara al señor, el que no tuviera cuidado acababa descuartizado en pocos segundos. Sólo sus hombres más leales habían visto el rostro de su amo y su transformación. Su cuerpo de carne le daba asco y poco a poco la había cambiado por uno de metal, fuerte e indestructible; su cuerpo humano, casi había desaparecido, su sangre era aceite caliente; sus articulaciones, engranajes y sus movimientos precisos y matemáticamente estudiados.
- Mi hermana se acerca – su voz metálica era dañina en los tímpanos – el Plear a muerto y el virus esta en cuarentena – cogió un poco de aire – tenemos que activar el resto de las cepas, comenzaremos por las 5 primeras a la vez y después poco a poco aumentándolas, tal y como lo habíamos planeado.
- mi señor - dijo uno ser encapuchado- el sector uno estará activado mañana mismo.
- Perfecto - recuerda que ella esta cerca, dejar que llegue a mi.
- el sujeto del experimento de los Einser esta con ella - un Einser encapuchado hablaba con voz temblorosa.- puede acabar infectándola.
- ella es fuerte, sabrá defenderse, temo más por él - una carcajada metálica resonó en la sala.
- ahí alguien más con ella, alguien que ella desconoce - un ser en la esquina hablaba con pesadez- es Azuna
- ¿Azuna esta con mi hermana? - su voz metálica chirriaba, cada engranaje de su cuerpo estaba sometido al nerviosismo y la excitación - él también debe venir, tienen que llegar a mi, pero no le pongáis las cosas fáciles; que su camino sea una lucha constante por sobrevivir, pero al mismo tiempo, dejarles una escapatoria; los quiero postrados ante mi.
- ¿y si ella no quiere colaborar? - las capuchas se movieron ante la voz insolente.
- Ella tiene el poder de la creación y yo el de la muerte, si no se postra, morirá.- hizo un ruido extraño como si se estuviera ahogando Edionio encárgate del primer sector, ya sabes lo que tienes que hacer; serás el primero de los presentes en conocerla, espero ansioso tus informes.
- Si, mi señor- una capa se movía, el ser que se escondía debajo se levantó y abandonó la sala con premura.
Una lluvia de naves despegaron de la fortaleza metálica. En una de las naves estaba Edionio observando lo pequeño que se hacia el planeta cada segundo que se alejaba.
- No se lo dijo ¿verdad? – el robot leal de compañía le tendía un baso con un liquido grisáceo
- El señor tiene sus planes y yo tengo los míos. No hace falta que sepa que su querida hermana está en mi planeta, ni tampoco que es una de mis invitadas.
- El que os preocupa es él – su voz metaliza había sido suavizada con filtros, pero no había ninguna expresión o sentimiento en ella – el humano, Arlen
- El humano es importante, pero – se bebió la bebida de un trago- Azuma es una pieza muy interesante en esta partida. Yo soy un alfil o una torre para el señor, pero Azuna es el caballo o la mismísima reina.

2 comentarios:

  1. Muy interesante y entretenido cada dia mejora mas siempre estoy esperando impaciente q salga el proxima capitulo

    Gracias continuad asi de bien siempre

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  2. Muchas gracias por esos animos, en breves saldra el siguiente capítulo.

    Un saludo

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