Capítulo 23 - Culpabilidad
Hakara estaba en el puente de control. Leía con atención parte de la historia de Troem; quería descubrir el secreto de la daga que poseía.
Troem era, al igual que Zhunt, un planeta bipartidista; sus costumbres y sus secretos estaban bien protegidos. Los seres extranjeros tenían las puertas cerradas y los invitados no podían salir de la zonas habilitada para ellos. Había un guardia y armamento camuflados en los más hábiles rincones.
-¿llegamos a Troem? – la voz de Azuna parecía entre cortada, llevaba unos días enfermo y no se quitaba la capa nunca.
-Estaba pensando en como podemos entrar – en la pantalla aparecía el planeta y varios puntos señalizados en rojo.
-Sus armas son indestructibles, es imposible entrar ahí dentro sin morir en el intento.- Arlen estaba en el puente secundario analizando los puntos débiles y el armamento. Como buen informador que había sido, tenia un conocimiento extenso de armamento.
-Sé como entrar.- Azuna se dejó caer sobre un asiento cerca de Hakara. - acercate hasta que aparezca un soldado o un comunicador en la pantalla.
Si hacemos eso nos descubrirán y no tendremos oportunidad para sorprenderles.
-Confía en mi.- su voz era un susurro, no tenia fuerzas ni para hablar.
-Esta bien – Hakara cambio las imágenes de la pantalla y activo el sistema manual – Arlen ven al puente principal – ordenó.
-Cuando aparezca el vigilante en la pantalla, - tosió con pesadez – dejarme hablar.
Hakara lo observaba de reojo.
El mismo le había dicho que su cuerpo no aguantaría mucho. Los simbioides se estaban muriendo y habían perdido demasiado tiempo en Apria; tenía que haber ido a Troem primero, pero por algún motivo se dejo llevar por sus sentimientos. No le gustaba pensar en ello, pero sabía que era verdad, se había preocupado por Arlen; un simple y estúpido humano. Se decía a si misma que era un arma efectiva y no lo quería perder, pero la realidad era diferente; no podía expresar lo que sentía ya que era algo nuevo, algo que nunca había experimentado.
Ahora que veía a Azuna tan enfermo, la idea de perderlo hacia que el sentimiento que había sentido por Arlen fuera algo intangible, ya que el terror de perder al doctor era mil veces más doloroso. Sólo en pensarlo hacia que algo líquido mojara sus ojos. Había tantos sentimientos en su mente y en el centro de su pecho que pensaba que iba a explotar.
¿Cuando empezó a sentir? ¿Cuando empezó a preocuparse por dos seres inferiores? Antes era muy fácil; ella sola contra su destino, cumpliendo su venganza. No tenia sentimientos ni miedos, cogía lo que deseaba cuando lo necesitaba y mataba sin pensar en el porqué. ¿Porqué se sentía diferente? ¿Por que deseaba protegerlos con todas sus fuerzas? ¿Porqué se sentía tan débil?
Sólo había una alternativa para terminar con esos sentimientos: Abandonarlos. Tenia que dejarlos en Troem, en cuanto descubriera lo que necesitaba sobre la daga, se iría sin avisar; volvería a ser libre y no presa de esa estúpida debilidad humana. Azuna podría morir sin que ella llorase su entierro. Si Arlen se transformaba y era aniquilado, no sería ella quien lo hiciera. Podía llamarse egoísmo, pero no quería sentir dolor ni preocupación por nadie más que no fuera ella.
Una voz sin rostro apareció en una pantalla negra.
-Uduna danio shag – eran dos voces hablando al unisono.
-amelio sarco Azuna – Azuna hablaba despacio, intentaba recordar cada palabra. - elio to Edionio.
El Eco de Hakara actuaba como la última vez, realizando la traducción de cada palabra de forma automática, como si fuera su lengua materna.
Ielan
-¿Edionio nos permitirá entrar en el planeta?- más gente nueva, eso no le gustaba
-Es un viejo amigo – La voz de Arlen era cada vez más lenta, más pesada, le quedaban horas o quizás minutos. - El nos ayudara, es el guardián de este planeta.
-¿el guardián? - Hakara tecleaba enérgicamente.
-Los planetas de este tipo suelen tener un guardián o un consejo; todos ellos pertenecen a un sistema mayor que rige los planetas bipartidistas.
-Los Einser y los Sadios unieron todos los planetas bipartidistas para poder guardar sus creencias y costumbres de los intrusos. Para ellos cualquier persona que venga de fuera es un peligro. Desde que se puede viajar entre planetas, hay mucha mezcla y mezcla de culturas. Ellos quieren guardar y preservar su tradición. Hay seres que sospechan que ocultan algo más- la información de los planetas bipartidistas era muy codiciada y se vendía caro. Fue uno de los primeros trabajos de Arlen
¿Los Einser y los Sadios? - Hakara observaba el techo de la nave – demasiado poder - -murmuró
-eso piensan muchos. Mientras los planetas bipartidistas tengan acuerdos con otros planetas, son intocables y a nadie les molesta.
Una voz sonó de la nada. Procedía del planeta Troem, pero era una voz diferente a la anterior, era más amigable.
-¿que tal, Azuna? - había confianza.
-hola Edionio – contesto Azuna
-llegas tarde, hace tiempo que estoy esperando por ti
-me demore un poco – Azuna se quedaba sin voz- traigo seres con migo.
-Venir directamente a la fortaleza sur, ¿recuerdas las coordenadas?
-Mándalas, Hakara llevará la nave hasta allí, yo, necesito descansar.
-Comprendo – se apagó la comunicación
En la pantalla se dibujaron unas extrañas imágenes que pronto se convirtieron en un mapa que guiaba al piloto más inexperto al lugar exacto. Hakara y Arlen giraron la cabeza cuando Azuma se marchó lentamente con pasos penosos y pesados, como si cada movimiento fuera el último.
Puso la nave en control automático programando las coordenadas exactas. Arlen salió del puente de control y siguió a Azuma por los fríos pasillos de la nave hasta la zona de armamento.
No tardo en encontrar el cuerpo de Azuma escondido entre unos cañones de plasma. Estaba completamente cubierto por una enorme capa negra, de bajo de ella el cuerpo se movía y removía de forma extraña; como si varias lombrices o serpientes rodearan el cuerpo. Arlen temía tocarlo; le daba asco.
-Azuma – le llamo desde una distancia prudencial, temiendo que algo del interior de la capa saltara hacia él - ¿que ocurre?
-Mi cuerpo esta compuesto por simbioides, cuando uno de ellos muere el resto lo siente y pueden llegar a pudrirse – su voz era un susurro.
-Te mueres – susurro Arlen
-si, siempre y cuando no pueda deshacerme del simbioide muerto.
-¿por eso estamos aquí?- Arlen se sentó en el suelo y apoyó la cabeza hacia la pared- Necesitas sustituir tu simbioide.
- hace un mes que debía cambiarlo, no se cuando tiempo aguantare – debajo de su capa el movimiento era rítmico.
-¿y que pasa conmigo? - nunca se llevaron bien, pero había llegado el momento, sabía que Hakara jamás le respondería y Azuma estaba demasiado débil para negarse aunque también lo estaba para hablar.
-¿que pasa contigo? - devolvió la respuesta, como intentando eludir el tema.
-¿por qué pensáis que soy estúpido? Creéis que no me doy cuenta de los cambios que sufre mi cuerpo o de que pierdo el conocimiento sin más. Tengo musculatura sin hacer ejercicio y siento como si mis sentidos fueran mucho más sensibles a todo lo que me rodea; como si hubiera despertado, como si algo me hubiera mantenido preso toda mi vida y ahora sintiese por primera vez la autentica libertad.
-Tu simbioide esta intentando hacerse con tu cuerpo, se esta fundiendo a cada célula y a cada neurona – su voz agotada parecía una burla.
-¿mi simbioide?- Arlen observaba sus manos como si intentara ver atrevas de ellas.- ¿ cuando?¿que..?
-muchas preguntas que no puedo responder- una tos sacudió su cuerpo- cuando te conocí ya estaba dentro de ti. Yo sólo indague un poco más en lo que era y en sus efectos.
-Dime lo que sepas, tengo que saber la verdad. - gritó
-¿como la conociste? - su voz era inaudible.
-¿a Hakara? - ella debía saber toda la verdad, algo le dolía en el pecho- ella necesitaba llegar a Rilva, yo fui su llave.
-¿que paso después?
-Rilva la hirió y la lleve a mi planeta natal. - mi hermana ¿aún seguiría con vida?- fue cuando descubrimos el Calinova. Los Einser cuidaban de la colonia, nos desinfectaron, se hicieron cargo de nosotros para que no nos contagiáramos
-Entonces fue ahí- susurro- nunca te fíes de los Einser, ¿recuerdas algo inusual?
-Me desmalle, ellos me cuidaron - Arlen bajó la cabeza – Hakara lo supo todo este tiempo.
-No la juzgues – volvía la tos – ella nos desvió a Apria para buscar una cura o ayuda. Pero ya vistes lo que nos encontramos.
-Que simbioide tengo, ¿que efectos me causa? Quiero toda la verdad- abrazo sus piernas y metió la cabeza en el medio.
-Recuerdas en Apria. - su voz era un susurro jadeante- te despertaste rodeado de cadáveres dentro de una habitación cerrada y el único superviviente eras tu.
Un dolor agudo nació en la boca del estómago. Aquella horrible imagen de sangre y restos de carne por toda la habitación lo había perseguido desde ese día. Se había preguntado quien o que había causado algo tan horrible y agradecía haber sobrevivido. La idea de que él fuera el causante le removía las entrañas, la pesada losa de la culpabilidad cayo en su alma. Esa no había sido la primera vez que había quedado inconsciente, ¿a cuantos seres había matado ya? ¿A cuantos había devorado?.
Unas enormes lágrimas corrían por sus mejillas. Sin pensarlo gritó con todas sus fuerzas hasta que su garganta se irrito y su voz se rompió.
De la nada, entre la munición apareció Hakara. Los observó a los dos, primero a uno y luego a otro. Azuma estaba agotado y al limite de su vida; Arlen estaba en estado de shock después de descubrir la verdad. Esta no era la manera que había planeado de que descubriera lo que le pasaba; realmente esperaba que nunca se enterara y poder acabar con su vida antes de que una verdad tan horrible lo destrozara.
Ahora estaba más convencida que nunca, debía abandonarlos, desde que ellos existen en su vida su venganza no se esta cumpliendo y la aparición de un supuesto hermano la ponía de los nervios, sobre todo si este quiere destruir a su madre.
-Llegamos a nuestro destino, hay un androide esperando por nosotros – le daba igual si ellos la escuchaban o no, ella también tenia su propio objetivo en ese planeta – Pasa – grito.
Un robot camilla se acerco a Azuma, unos suaves tentáculos rodearon su cuerpo y lo colocaron con mucho cuidado, como si se fuera a romper en cualquier momento. Una vez cargado el cuerpo el robot se puso en movimiento, salio de la nave y lo llevó hasta el interior de la fortaleza.
-Vamos Arlen – Hakara lo agarro del brazo y le obligo a levantarse- vamos a descansar.
martes 21 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Es un placer para mi leer algo tan bueno muchas gracias y seguid asi
ResponderSuprimirSabeis ruborizarme.
ResponderSuprimirMuchas gracias