Capítulo 24 - Troem
La fortaleza era extraña. De color rosada como la carne. No había ningún objetos, estaba completamente vacía. La luz parecía penetrar atrevas de todas partes, sin embargo no había ventanas ni cristales,nada que permitiera el paso de la luz. EL tacto era suave, se hundía ligeramente; era como estar en el interior de un ser vivo.
Arlen seguía a Hakara como un perro sin alma. Su mirada estaba perdida en la nada, cabizbajo arrastraba los pies. Su mente estaba dañada, no era capaz de asimilar que él era el único asesino de la gente de la habitación. Hakara se preguntaba que pasaría si descubría toda la verdad.
Un robot doméstico les indicaba el camino. A través del pasillo y de varias misteriosas salas, todas rosadas y sin ningún tipo de decoración. El Eco de Hakara le gritaba algo, pero no era el momento ni las circunstancias adecuadas para activarlo. Había aprendido a usarlo con mayor precisión; sin embargo cuanto más progresaba más se daba cuenta de que el simbioide tenia su propia misión sus propios pensamientos, aunque ella lo controlara, en ocasiones sentía que era un ser vivo con su propia personalidad.
El robot camilla se llevo al Neuro por otro pasillo. Hakara no sabia si preocuparse o no, Azuna conocía esta gente y se llevaba bien con su líder; quizás pudiera aprovechar esa amistad para poder obtener información con mayor facilidad.
Algo agarro el brazo de Hakara, sin pensarlo cerro el puño y se giro para golpear lo que la estaba atacando. La mano se paro a escasos milímetros de la nariz de Arlen; sus ojos seguían perdidos, vacíos, como los de un muerto; pero su cerebro empezaba a despertarse.
No era la primera vez – empezaba a atar cabos.
este no es el momento – si le decía la verdad, su mente humana podría romperse, o dañarse. Había oído hablar de como un humano normal y corriente podía corromper su mente hasta volverse loco, había miles de enfermedades que los humanos podían coger en sus cerebros; no quería que Arlen le pasara lo mismo – cuando estés preparado te diré toda la verdad.
Me lo juras – su voz era seria, sus ojos empezaron a brillar, pero no era su brillo natural, era un sentimiento nuevo: era odio, rabia, dolor; todo mezclado en una sopa en ebullición. Hakara asintió, y Arlen le soltó el brazo, quedándose a dos pasos por detrás de ella.
El robot se paro frente una habitación, hizo un gesto con la mano indicándoles que entraran. La estancia era pequeña y estaba completamente vacía. Hakara y Arlen entraron despacio. El suelo empezó a moverse. Una gran masa con vida propia formó tres asientos, uno a cada lado de ellos y un tercero cerca de la pared, al fondo; aunque más que un asiento parecía un trono.
La pared de la derecha comenzó a comportarse de forma extraña, formaba ondas y comenzó a abrirse. La grieta se hacia más grande hasta que se abrió un enorme agujero, del otro lado aparecido un ser que llevaba una enorme capa roja y dorada, tenia una capucha que cubría su rostro; se parecía a la de Azuna, pero mucho más elaborada, propia de alguien adinerado y poderoso.
- Bueno- su voz era doble, como si hablaran más de una persona a la vez- sois amigos de un viejo amigo, asique no tengo por que esconderme – hecho la capucha hacia atrás.
- Eres como el - dijo Hakara – Como Azuna
- Un humano con varios simbioides en su cuerpo, es la mejor manera de sobrevivir durante mucho tiempo. Este es un planeta perfecto para gente como nosotros.
-¿Dónde llevaste a Azuna? – Hakara se sentó en su asiento, Arlen la imitó como si fuera un perro apaleado.
-¿que le pasa a tu compañero? parece enfermo.
-No te preocupes por él, ¿donde está Azuna? - como se lo imaginó empezaba a preocuparse demasiado por ellos.
-Lo he llevado a la zona donde la gente como yo podemos cambiar nuestros simbioides por otros nuevos, sino, moriríamos,
- tengo algunas preguntas – Hakara cogió la daga y se la tendió. El suelo se elevo formando una mesa. Parecía que la fortaleza reaccionaba frente algunas estímulos.
-Pensé que lo primero que me preguntarías es lo mismo que todos ¿por qué luchamos contra nuestra muerte hasta convertirnos en monstruos?- su sonrisa seguía pareciendo humana aunque le faltaran todos los dientes.
-Vuestros motivos no me importan, cada cual toma sus propias decisiones – Hakara observaba sus ojos rojos con pupilas color aguamarina.- sólo quiero información sobre la daga.
Edionio saco unas afiladas garras que escondía debajo de su manto, eran sus manos. Cogió la daga y la examino minuciosamente, centímetro por centímetro. La hoja, la empuñadura, incluso sus gravados. Se llevo la garra a la cabeza, parecía estar en dudas con una parte de la empuñadura. Uno de sus afilados y huesudos dedos que formaban su garra toco con cuidado un símbolo de los muchos que había allí. El símbolo se hundió unos milímetros. Del otro lado de la empuñadura salto otra hoja afilada convirtiéndola en una arma doblemente eficaz. Sin embargo esta otra hoja era de color negro y centelleaba un brillo plateado.
Hakara se levantó de un salto y fue hacia Edionio. Sin mediar palabra le mostró a Hakara el símbolo, volvió a pulsarlo y la hoja se escondió en un golpe seco.
-Esta era la daga de Rilva – Edionio colocó la daga en el centro de la mesa – era un bien muy preciado para el y para los de su raza. Ellos eran inmortales, o eso creían y esta daga pertenecía a su Dios. Cuando el planeta estuvo en peligro, Rilva cogió la Daga para ponerla a salvo.
-¿Pertenece al Dios de Rilva?
-No. Nos pertenece a nosotros, esta daga se creo en la primera civilización que existió en el universo. Que comenzó en este mismo planeta. Te contare la historia un poco por encima, aunque ya deberías saberla, sobretodo teniendo un informador trabajando contigo.
-La verdad es que como informador no es muy bueno – Arlen los observaba sin mediar palabra.
-Después del big bang, como lo llaman los humanos; se esparcieron varias galaxias por todo el universo, al principio era un caos. Este fue uno de los primeros planetas en tener las medidas adecuadas para que la vida apareciera. Pero los primeros seres, la primera civilización era y es muy diferente a cualquier otra. Mientras el resto de los planetas estaban formándose, la primera civilización ya estaba usando elaborados mecanismos de construcción. Cuando construyeron sus naves espaciales empezaron a encontrar diversas formas vivas y ayudaron a su evolución. - sonreía- por cierta parte fueron nuestros padres. Algunos planetas evolucionaron más rápidamente que otros. Algunos veneraban a los padres primogénitos, entre ellos el planeta de Rilva. - su rostro cambio dramáticamente- Los padre primogénitos se quedaron observando lo que para ellos eran sus creaciones, sus hijos. Todos los hijos tienen la mala costumbre de revelarse contras sus padres. Uno de ellos, llego a este planeta; no conozco los detalles pero fue el niño más malcriado de todos, el único que llego junto los seres primogénitos. Adquirió sabiduría y poder. Cuando volvió a su planeta se llevo la daga. Algo terrible ocurrió en este lugar cuando la daga abandonó el planeta. Los seres de todo el universo se sintieron olvidados y cada uno fue evolucionando a su manera, sin un guía.
-¿Quien es el Dios al que Rilva veneraba?- Arlen estaba a su lado escuchando, perecía interesado en lo que estaba oyendo, al fin volvía a la normalidad.
-Cuando el Octario volvió a su planeta con la daga, fue tratado como un Dios. La leyenda cuenta que la daga fue quien les otorgó la inmortalidad pero tuvieron que pagar un alto precio por ella. El planeta empezó a ir en declive, hasta el punto de que no pudieron procrear y los que ya tenían muchos siglos de vida estaban cansados de su existencia. Dicen que tienen un punto débil, pero, cuando se suicidaban expulsaban un veneno tóxico que aniquilaba todo a su paso, a excepción de los Octarios.
-¿Me dijeron que aquí podría obtener más información de la daga- la historia estaba bien poro quería saber como usarla.
-No tengas tanta prisa, eres mi invitada. Ahora que lo recuerdo – torció el entrecejo- Rilva fue asesinado hace un tiempo, ¿como conseguiste esa daga?
-La conseguí. – no sabia quien era ese hombre, y no pensaba decirle más de lo que necesitaba saber.
-Comprendo, quieres información, pero no tu no das ninguna; eso significa que tienes mucho que esconder.- sus ojos la miraban fijamente- como te dije eres mi invitada, pero como bien as deducido, yo no tengo toda la información que necesitas; sin embargo te llevare a quien la tiene.
-¿Quien tiene la información?
-Los seres primigenios o lo que quedo de ellos, no es algo hermoso de ver, pero son los únicos que pueden darte la información que necesitas, eso sí, no le muestres la daga, no se como podrían reaccionar.
Un sonido metálico se acercaba por detrás. Hakara se levanto de un salto en posición de defensa. El robot, se paro al observar a la mujer y siguió su camino. Llevaba una bandeja y con una una C25.
-tranquila, asique Azuna tiene una amiga que es de armas tomar – Edionio se reía a carcajadas.
Cogió la C25, la activo y leyó muy atentamente. Su rostro sereno y relajado cambio bruscamente. Le temblaban las manos y le costaba tragar saliva. Desactivo del C25 y se desintegro automáticamente.
-Parece que tengo que ausentarme durante un día, dos como máximo.- se llevo la mano a la capucha tapándose la cabeza. - les daré instrucciones a mis robots para que os lleven junto nuestros primeros padres. Os agradecería que os quedarais aquí unos días, hasta mi regreso. Además no creo que nuestros primigenios te den la información tan rápidamente, les gusta hablar lentamente, y tanto ellos como yo, hace tiempo que no tenemos una visita.
-Sólo quiero la información- su voz era tajante- en cuanto la tenga me iré, tengo muchos asuntos pendientes.
-De acuerdo, pero quería contarte una cosa más – Edionio se puso en pie – Tu daga tiene una daga gemela, la tuya es blanca y su doble filo es negro, la otra es al revés. Hay muchas leyendas sobre el encuentra de las dos dagas, sobre la lucha entre la destrucción del universo y su salvación. Lo único en lo que coinciden todas es que ese día esta apunto de llegar y que gane o quien pierda, igualmente el universo esta condenado. Lo que se creo de la nada debe volver a la nada.
-Hay vidas y seres - ¿porque había dicho eso? ¿que más le daban a ella?
-Entonces ¿defenderás la vida?
-¿la vida?- Eso le había dicho Renum en el planta Parla, algo sobre la vida y la muerte del universo, dos caras de la misma moneda, pero no lo recordaba con exactitud- quiero vivir el tiempo suficiente para terminar mis asuntos, después me da igual.
-Tu boca dice una cosa, pero tus actos dicen otra- se puso en marcha – si fuera así, no estaría contigo el humano catatónico, ni Azuna.
Cuando Hakara quiso devolverle la contestación, Edionio ya no estaba en la sala. Giro la cabeza y los ojos de Arlen la observaban detenidamente; parecía que había comprendido algo que a ella se le había escapado. Quizás ese era el momento en que Arlen perdería la cordura o empezaría a insultarla y gritarle por lo que le había hecho o por haberlo usado como arma. Sintió un nudo en la garganta, era la primera vez que experimentaba algo así.
-¿es ahora cuando te vuelves loco? - Estaba cansada de que la observara sin pestañear.
-necesito descansar- su voz era un susurro- luego hablaremos.
Un robot les estaba esperando en la puerta. Hakara y Arlen se levantaron, todo el mobiliario improvisado desapareció fundiéndose con las paredes y el suelo.
-Activación en modo: descanso humano – dijo la voz semihumana del robot, había oído a Arlen y se había programado según sus necesidades.
Una vez más se perdieron entre la inmensidad de pasillos, estancias y salas. Aquella gigantesca fortaleza era un laberinto, estaba pensado como tal y además tenia vida propia. Debían ir con cuidado.
miércoles 20 de octubre de 2010
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