jueves, 25 de noviembre de 2010

Capítulo 26 - Atragantados

La nave de paseo aterrizo dentro de la fortaleza. La robot abrió la puerta y ayudó a Hakara a bajar de la nave. Era muy incómodo moverse con el vestido; si tenía que luchar, aquel amasijo de tela le impediría desenvolverse. Se movieron entre el laberinto de pasillos. Un olor agradable provenía de todas partes, sus tripas empezaron a moverse y a rugir. Se dejó llevar por el agradable olor dejando atrás a la robot.
Ante ella había una mesa llena de delicados y exquisitos manjares que llenarían el estómago de veinte hombres. No se sentó, empezó a coger el alimento y a llevárselo a la boca, no le importaba que sus manos se ensuciaran o se quemaran. Todo estaba tan delicioso que ni siquiera se dio cuenta de que Arlen estaba sentado al otro lado. Comía carnes, pescados, verduras; quería probarlo todo, comerlo todo. Cada bocado cálido la ayudaba a olvidar las agujas, el flujo gelatinoso que la alimentaba cuando estaba hibernando dentro de la nave. Sentía unos minutos de paz, igual que cuando se había duchado con agua caliente; esa sensación de que el peso que cargaba se desvanecía.
Se quedo parada. Un ruido la había despertado de ese trance de glotonería. Hakara giró la cabeza, se quedo observando atentamente a Arlen mientras masticaba un tozo de carne. Hakara recordó cuando lo vio por primera vez, era un informador debilucho con una sola información que guardar. Ahora, gracias a esa cosa que llevaba dentro, había cambiado físicamente, más fuerte, musculoso; sin embargo, sus ojos seguían siendo los mismos.
-¿porqué sigues a mi lado? - Hakara se limpiaba la cara con una servilleta -¿porqué no te fuiste cuando pudiste?
-No tenía a donde ir, - dejo el tenedor a un lado del plato – tu eres lo más cercano a una amiga.
-Una amiga que te usa como si fueras un arma, que deja que te metan esa cosa en el cuerpo y no te dice nada- gritaba, su rostro era de dolor- he visto como matabas gente, como te la engullías, y no me daba pena, incluso, me sentí orgullosa.
-Fue aquel día, en mi planeta – había llegado el momento de hablar, aunque esperaba que la conversación fuera de otra manera, tenia que ser él quien gritara- me desmaye y me dieron a escoger entre tres platos.
-Escogiste carne cruda. Eso está en tu organismo, una inyección lo activa y otra lo neutraliza – se estaba sentando frente a él, intentaba mantener la compostura.
-¿porque yo? - lo poco que había comido estaba sentándole mal – hay miles de seres en el universo.
-Hicieron pruebas con los humanos que había en la colonia, sólo los de tu rama familiar, eran útiles. Tu madre había fallecido y tu hermana ya estaba infectada. Cuando llegaste fue un milagro para ellos. - Hakara no era capaz de verle a los ojos.
-Experimentaron con mi familia – Arlen susurraba.
-Ellos me dijeron como activarlo y como desactivarlo, se suponía que el Cleniova no te dañaría. Con el tiempo he visto como el Claniova te cambiaba. Ahora mismo eso que esta en tu interior esta luchando por apoderarse de ti.
-Me dices que al final seré como ellos, como esas cosas – una lágrima recorría su mejilla.
-Lo intenté, fuimos a Apria para poder hablar con el Plear, para encontrar una cura – juntó las manos- pero tu cepa esta modificada y no han encontrado cura para el Cleniova. Había una niña en ese planeta, su organismo es el único que rechaza y repele el virus, pero tanto la madre como ella están muertas.
-Tiene que haber una solución – no se rendiría fácilmente– si los Einser crearon esto, deben saber como eliminarlos.
-Ellos no crearon el Cleniova, solo intentaron controlarlo – Hakara levantó la cabeza- pero fallaron.
-¿que es lo que soy? - Le pregunto, sentía dolor, rechazo y furia, mucha furia – ¿un simbionte como Azuna o una de tus armas?
-Al principio – le costaba hablar, algo en el pecho la estaba ahogando, odiaba esa sensación- fuiste un arma, una de las mejores e indestructibles, aunque casi me devoras a mi también. Después, cuando Azuna te vio fuiste un simbionte a punto de dejarse devorar por el huésped.
-¿Estuve a punto de devorarte? - no había oído nada más, esas palabras lo dejaron horrorizado.
-En Dathor fuiste delante devorando a todo ser que se se te tropezaba. Devoraste a las hijas Shumnar mientras él y yo luchábamos a muerte. Cuando finalizaste fuiste a por nosotros pero pude pararte los pies antes de que me hincaras los dientes. A partir de entonces fue cuando empece a notar los cambios en tu cuerpo, tu musculatura, tu color; no te das cuenta pero en ocasiones tus venas se hinchan, es el Claniova intentando hacerse con el control. Tanto Azuna como yo te hemos estando vigilando y buscando una cura.
-¿porqué no me lo dijisteis? - su voz era un grito de furia- estáis hablando de mi y ni si quiera pensasteis en como me sentiría. Tu sólo pensabas en tu venganza y Azuna en meterse bichos bajo la piel – se levanto tirando la silla – ¿Me veis tan débil?, soy una mota en tu suela del zapato, un juguete para no aburriros.
-No digas tonterías, eres bueno con las armas y muy útil – Hakara no sabia que decir, pero la verdad es que lo habían tratado como un ser débil, como un niño al que hay que proteger.
-Nooo - grito- no lo entiendes, es más importante que ser útil- salto por encima de la mesa fuera de control.
-Arlen relajate.
-No me escuchas- su mano se cerro sobre el cuello de Hakara, sus ojos brillaban, un entresijo de venas aparecían en su rostro, la piel estaba cambiando de color.- Odias a los humanos por que no nos entiendes, no sabes nada de los sentimientos.
-Arlen – Le grito con fuerza mientras le daba una patada - no te dejes dominar por esa cosa.
Arlen se tiro al suelo con las manos en la entrepierna, emitía sonidos de dolor. Su piel volvía a la normalidad, el Claniova había desparecido; Arlen tenía el control de su mente y de su cuerpo.
-no dejes que esa cosa te vuelva o controlar si no...
-si no..- Dijo Arlen entre quejas-...¿me mataras?
-Esa es una opción que no me gustaría tomar – el vestido la agobiaba.
-Entonces esa es la última opción – le costaba hablar.
-Es la única opción si no encontramos cura.
-¿ya as pensado en como lo vas hacer?
-Intento no pensar en eso – Hakara se sentó en la silla.
-Al final eres la mejor amiga que conocí – empezó a llorar como un niño pequeño, se llevo las manos a la cara e intentó ocultar su angustia.
Se hizo un incomodo silencio. Hakara observaba a Arlen mientras escondía su rostro y se dejaba caer al suelo.
-Espero no molestar- una voz entraba en la estancia.
Hakara y Arlen se volvieron, para ver al intruso, era Ediondo. Sus rostros estaban llenos de dolor. Hakara se paso la mano por la cara; Arlen cogió una servilleta encima de la mesa y se limpio, no quedaba muy bien ver a un hombre llorando como un crío.
-Disculpanos - Hakara se puso bien el vestido y se acerco a él – estábamos discutiendo algunos temas.
-Quién...- sus palabras se atragantaban- te dio ese vestido?
-Un maniquí me lo trajo.
Ediondo agarro la capucha y escondió su rostro. Golpeo la pared con fuerza; de la nada aparecieron miles de cuadros que inundaron las paredes. En ellos había una pareja de humanos que parecían felices; los cuadros los situaba en lugares diferentes, sobretodo en la tierra cuando esta aún era prospera. Había una foto donde los dos amantes observaban el cielo, la luna negra aún no existía.
-Esa era mi esposa – Ediondo señaló un cuadro enorme.
En la imagen había una mujer muy hermosa de pelo negro y ojos verdes, en su rostro se reflejaba la vida y la felicidad. Llevaba puesto el mismo vestido que tenía Hakara, había una extraña similitud físicas entre ellas.
-sois muy parecidas – Arlen expulso la frase sin pensar.
-Bastante – la palabra era un grito de dolor.
-Esta imagen – la mente de Hakara no se paro en buscar parecidos, sino en otra cosa – fue antes de que apareciera la luna negra. Tu vivías en la tierra.
-Tanto Azuna como yo vivimos ese momento – parecía que su voz volvía a la normalidad – Fue una época de sombras y oscuridad.
-¿Qué ocurrió? – Hakara se acercó a él.
-Nosotros eramos científicos del proyecto Luna Negra. Cuando descubrimos que intentaban usar una humana, nos opusimos; creamos un grupo de resistencia contra el proyecto. Siempre que podíamos lo retrasábamos o lo saboteábamos. Así fue como conocí a Elisa,- señaló a los cuadros- ella era brillante, inteligente y audaz. Durante 5 años el proyecto sufrió todo tipo de problemas, - se reía por lo bajo- Nos descubrieron y nos enviaron lejos. Eramos científicos prestigiosos, muy conocidos y bien posicionados, si nos ocurría algo no podrían evitar que la información pasara a los medios de comunicación. Tenían que callarnos de otra manera.
-Había un grupo contra el experimento – murmuro Hakara
-Sólo retrasamos un hecho inevitable.
-¿Porqué seguís vivos? - Los ojos de Hakara perturbaban a Ediondo.
-Estamos esperando al gran día – la capucha se le bajo ligeramente, sus ojos mostraban una tristeza desesperante.
-¿El gran día?
-El día en que el universo vuelva a su origen, cuando el proyecto Luna Negra desaparezca.
-Estas hablando de mi madre – Hakara se fue hacia Ediondo con las manos cerradas - ¿quieres destruirla?
-Nunca la dañaría – levanto las manos en señal de alto – ella es muy importante.
-¿Porqué? – Hakara se detuvo enfrente de él.
-Ella es especial, la crearon para algo terrible, hay que liberarla – su voz era tajante.
-¿podéis liberarla? - su rostro cambió de golpe
-Eso es lo que intentamos hacer desde hace mucho tiempo.
Hakara lo observo detenidamente; no eran diferentes a ella. Habían perdido toda su ser esperando vengarse de un injusticia. ¿pero por qué? Ellos no tenían lazos de sangre como ella, simplemente luchaban por algo que no les parecía correcto. Mientras ella crecía en el vientre de la luna negra, ellos estuvieron esperando su momento para deshacer un daño que ayudaron a crear. ¿Qué debía hacer? Se suponía que tenía que matar a toda la gente del proyecto, pero había muchos que habían intentado salvar a su madre.
Se sentía perdida y confusa. Algo en su interior se movía con nerviosismo, todo el empacho de comida estaba peleando por hacerle un agujero en el estómago. La cabeza le daba vueltas, el Eco parecía sufrir con ella, empezó a mostrarle imágenes confusas de algo oscuro y negro, algo que estaba en el recuerdo de los dos pero que nunca había salido a la luz; un recuerdo reprimido.
-Cógela – le grito Arlen a Ediondo mientras Hakara se caía agotada al suelo.
-Voy – del suelo subió una acolchada cama que detuvo su caída.
Una luz la cegaba. Su ropa estaba sobre la cama. No recordaba lo que había pasado: estaba en el comedor, sintió un gran dolor en la cabeza y ahora estaba en la habitación. Se levantó y se quitó el vestido que tanto le molestaba. Debía hablar con los seres primigenios para mantener la última conversación.

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