viernes, 17 de diciembre de 2010

Capítulo 27 - Separación

Una vez más estaba frente al tentáculo rosado. Los rostros tenían una expresión extraña, parecían enfadados y muy alterados; susurraban entre ellos, y no hacían caso a la invitada. Ella permanecía en el interior de la placa, intentando llamar su atención, pero parecía que nada los sacaba de su susurro. Se acercó al borde de la placa, quería agarrar esa cosa rosada y golpearla. Estiro la mano para cogerla. En segundos la masa rosa se movió hacía ella. Una descarga golpeo tanto a las masa como a Hakara; sólo unos milímetros los separaba. Hakara aparto la mano de golpe, había actuado sin pensar, se sentía estúpida por caer en un truco tan viejo.
-Intentáis absorberme – Hakara se apartaba lentamente observando su mano.
-Bueno, si hubiera caído en la trampa nos demostrarías dos cosas – las voces parecían salir de todas partes – que no eres digna de la daga y que perderás con mucha facilidad.
-¿me ponéis a prueba?- estaba indignada – No voy a luchar por vosotros ni por nadie, mi objetivo es el que mi madre me enseño.
-Tu destino esta marcado, no podrás escapar de él.
-Yo escribo mi camino – gritó
-entonces – su voz era orgullosa – ¿porqué estas aquí? ¿porqué no te has ido ya? Quieres que te lo diga – bajo el tono de voz – Porqué puede ser real, porqué hay una posibilidad de que tengamos razón.
-¿como funciona? - les tendió la daga
-La boca del dragón, tienes que darle un poco de tu sangre, de esa manera unirás tu energía con la daga.
-No pienso hacer eso, - los observaba detenidamente – No pienso acabar como vosotros, seres sin cuerpo encerrados en un planeta estéril deseoso de engullir vida.
-El poder de la destrucción no es fácil de manipular si no esta ligado a un ser vivo.- gruñeron
-Tiene que haber otra manera. - les gritó
-Es tu decisión, sólo tú te enfrentaras a tu destino, si fallas, todos lo pagaremos – las voces parecían apagadas.
-¿qué más puede hacer la daga? - no quería seguir el rumbo de la conversación.
-Lo más importante es la unión de la energía, el resto son pequeños añadidos.
-¿cuales son los añadidos? - la conversación empezaba a enfurecerla.
-Cada gravado es un arma diferente, el doble filo, el poder del fuego...; pero casi todos se activan cuando sellas tu energía vital a la de la destrucción; sin eso, sólo tienes una daga normal y corriente.
-Entonces no tenéis nada para mi – se dio la vuelta
-Tenemos una cosa más que te puede interesar – sonrieron- el autor del Cleniova, la persona que creó y planeo todo esto.
-¿Pensáis que soy tonta? - Hakara se dio la vuelta- se que es él, a quien llamáis mi hermano. Mientra yo buscaba a los integrantes del experimento que encerró a mi madre, él estuvo organizando su propia venganza
-¿sabés que va hacer con vuestra madre? - las voces parecían burlonas – ella tiene el poder definitivo.
-va a por ella – susurro mientras daba la vuelta y volvía a la nave.
Hakara estaba dentro de la nave pensando en mil estrategias, no veía más alternativa que irse lo antes posible. No sabía si su hermano llegaría antes que ella o incluso si ya estaba en esos momentos haciéndole daño a su madre. Su corazón palpitaba de furia y de impotencia; tenia que ser rápida y la nave se movía muy despacio.
Cuando llegaron saltó al hangar, su nave estaba a escasos metros. Desde el otro lado escuchaba unas voces que se acercaban. Eran Arlen, el Neuro y su amigo. Por un momento vio dos caminos, ir a junto su madre o quedarse con sus nuevos compañeros. Ella había nacido para cumplir una misión, no para perder el tiempo jugando con los amiguetes.
Corrió hacia la nave, introdujo la tarjeta, la puerta se abrió; a su espalda sonaron unos gritos. Eran ellos intentando alcanzarla. Entro sin girar la cabeza, no podía pensar en nada más, tenía que centrarse en lo que debía hacer. En su mente sonaban las voces de los tentáculos que le repetían que tenía que mezclar su sangre con la daga, vender su energía a un instrumento que podía acabar convirtiéndola en nada. Mientras se cerraba la puerta observaba la daga, esperaba no tener que tomar nunca esa decisión, pero sabía que estaba posponiendo un hecho al que tendría que enfrentarse.
Entró al puente de control, en los monitores se veía la imagen de tres hombres golpeando la puerta, dos de ellos estaban encapuchados. Hakara esbozo una sonrisa, se alegraba de que Azuna estuviera recuperado. Ellos tenían que seguir su camino, ella no podía seguir llevándolos como si fueran sus mascotas.
Los motores se encendieron. Los tres hombres se apartaron de la nave cabizbajos y protegiéndose la cara del humo. Ediondo empezó a gritar a las maquinas. Las luces del hangar se encendieron y un chirrido oxidado movía un objeto de gran tamaño; intentaban cerrar el hangar para que no pudiera salir.
La nave se deslizo unos metros sobre el suelo. La puerta empezaba a cerrarse. Hakara, en el interior, cogió aire y lo expulso; apretó dos botones y la nave salio a toda velocidad del hangar, un ala golpeo ligeramente la puerta parandola y abollandola.
Los tres observaron incrédulos, Arlen daba patadas al suelo, sentía como algo importante se rompía dentro de él. Tenía preguntas que hacerle, preguntas que no serían respondidas hasta la siguiente vez que la viera y eso podía tardar mucho tiempo. ¿qué haría a partir de entonces? Se sentía perdido y desorientado.
Azuna observó a Ediondo. Bajaron la cabeza sin saber que decirse el uno al otro. Sólo Arlen seguía observando a la nada esperando que la nave volviera a recogerle. Pero Hakara ya estaba lejos de la órbita y pronto pasaría la galaxia camino a su futuro.
-vamos – dijo Ediondo – ella tiene que seguir su destino, hay otro para nosotros.
-¿un destino?- Arlen se giraba y gritaba- yo no tengo de esas cosas, soy un puto monstruo.
-Hay algo que quiero enseñaros - Ediondo comenzó a andar hacia el interior de la fortaleza.
Arlen y Azuna estaban a dos pasos por detrás. No quería dejarlo sin vigilancia, cuando se excitaba demasiado el Claniova enseguida se activaba. Había que vigilarlo. Siguieron por varios pasillos. Las paredes y el suelo se movían constantemente como si se estuviera reestructurando la fortaleza a cada paso de Ediondo.
Llegaron a una inmensa sala de colores brillantes, Arlen le pareció que ese debía ser el lugar que antes ocupaba el comedor. En el centro de la sala había una niña con un bonito vestido amarillo jugando con pequeños robots que semejaban su amigos y mascotas. Parecía feliz. En las paredes aparecieron cuadros e imágenes de niños felices jugando, además de otras atracciones que parecían luchar por ganarse la atención de la niña.
-Erica – llamo Ediondo – te quiero presentar a unos amigo.
-¿tu eres Erica? - Arlen recordó que Hakara le había hablado de una niña con ese nombre, también los doctores de Apria habían comentado algo de ella.
-Esta es una niña muy valiente – Edionio abrazaba a la pequeña que había corrido hacia él – la encontramos sobre los restos de un ciudad cúpula que había explotado en el fondo del mar. Todas las ciudades cúpulas fueron atacadas por los Aprios y los supervivientes convertidos por el Cleniova. Ella consiguió sobrevivir a todos – la abrazó con más fuerza.
- Sobreviviste al Cleniova – Azuna se acercó – increíble ¿como sobreviviste tanto tiempo?
-Me escondí – su sonriente cara se apagó, mostraba terror y dolor.
-Eres muy fuerte – le dijo Arlen mientras le apartaba un mechón de cabello del rostro.
-Dentro de un rato toca ir a comer, nos vemos – le dio un beso en la frente y le hizo una señal a los demás para que le siguieran.
Se fueron por el pasillo hasta la estancia de al lado. Desde allí podían escuchar las carcajadas de la niña. La habitación al principio silenciosa y vacía se transformó en un laboratorio en cuestión de segundos.
En las pantallas aparecieron varias imágenes de seres infectados de Cleniova. Unos robot les entregaban trozos de carne cruda. Ellos corrían despavoridos hacia la comida, incluso intentaban morder y deborar al robot, los que lo intentaban no se daban cuenta de que sus dientes se rompían o de la dureza del metal, estaban tan desesperados que acababan arrancando metal y tornillos.
-¿Que diablos estas haciendo? - grito Arlen.
-Miralos – le dijo Ediondo – fijate en lo que pasa una vez que terminan de comer.
Todos, casi a la vez, comenzaron a vomitar. Gritaban y se llevaban la mano a la garganta, luego al estomago. Un río de sangre se mezclaba con los restos de comida en putrefacción que expulsaban de sus bocas. Entre gritos una cosa se movía desde el estomago hasta su garganta, parecía viva, y moverse hacia el exterior como si hubiera algo dentro del ser vivo que lo dañara. Con un último jadeo los seres expulsaban una bola negra, que al contacto con la superficie se evaporaba y desaparecía. Los seres volvían a su estado normal, como si nunca hubiera ocurrido nada.
-Este es el principio de la cura para el Claniova – sonrió victorioso Edindo

2 comentarios:

  1. Una vez mas cada capitulo me sorprende con algo que no esperaba y mantiene viva la historia. Mis felicitaciones por este capitulo.

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  2. Muchas gracias, sabes sonrojarme, jajajaja.

    Espero que te guste el siguiente.

    Un saludo

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