martes, 22 de marzo de 2011


Capítulo 31 - Comienzo del fin

Hakara sentía como su cuerpo cambiaba; su fuerza, su perspectiva, su piel. Ahora era parte del todo y al mismo tiempo no era parte de nada. Se dio cuenta de que las palabras de su hermano no eran completamente ilógicas. Su madre era una muerta en vida y el mejor favor que se le podía hacer era una muerte honrosa; sin embargo al mismo tiempo su vida era lo que detenía a la creación y con su vida, vivía todo, tanto lo bueno como lo malo.
Observo la daga de su hermano; había tanta gente que deseaba la vida como gente que deseaba la muerte; era normal que ambas dagas fueran diferentes a todas las demás. Sería una lucha interesante.
Su hermano observó como la piel de su hermana tenia un extraño brillo azulado. Sus ojos eran completamente negros, sus iris mostraban un azul poderoso, como si fuera un animal. Su oscuro cabello ondeante brillaba camuflándose con la oscuridad del cielo. Aún sin tener cuerpo humano pudo sentir una punzada donde debería estar su corazón. Era hermosa y fuerte.
Antes de que terminara de pensar Hakara estaba sobre él. Le ataco su brazo izquierdo. Con su doble hoja pudo cortar varios cables. El ser metálico gritó y empujó a Hakara lo más lejos que pudo. Cogió los cables cortados e intentó unirlos, un líquido marrón viscoso, que desprendía un olor asqueroso, chorreaba a través de los engranajes. Hakara se levanto de un salto y volvió a envestir.
El ser metálico se giró e intentó alcanzar a Hakara con la parte venenosa. Pero esta pudo esquivarlo en el último momento. Los dos estaban uno frente al otro. Las extremidades metálicas chirriaban cuando se movían. Hakara podía ver con anticipación cada movimiento de su supuesto hermano. Dio un salto sobre él y clavó la daga en uno de esos ojos metálicos, apagándolo. El ser metálico se sentía indefenso; no había causado ni el menor roce en el cuerpo de su hermana mientras que él casi no aguantaba en pie. ¿Como era posible?
Hubo un nuevo temblor; los dos intentaron mantenerse de pie mientras el suelo se desquebrajaba. El pincho que su hermano había clavado había llegado al núcleo. Los gritos de su madre eran terroríficos. Hakara podría sentir el dolor, el desgarro, como si todos sus miembros fueran arrancados. Su hermano sonreía triunfal.
Esta vez fue él quien dio el primer paso. Corrió hacia ella; dió la vuelta a su daga y el pincho viscoso a punto al brazo de Hakara; esta consiguió moverse hacía abajo mientras apuñalaba uno de los huesos metálicos con forma de vértebras, pero no pudo impedir, que la hoja de la daga de su hermano se clavara en su muslo. Ambos soltaron un alarido de dolor.
-vamos hermanita – su voz metálica era más chillona- ya has perdido, madre esta muerta y en segundos la luna explotara – estiro su mano vacía – únete a mi, seamos parte de nuestra madre y todo acabará destruido.
-¿formar parte de nuestra madre? – no entendía de que estaba hablando.
-Es muy sencillo, ella necesita todo el poder que vive en nuestro interior para que se produzca su último grito, sólo así el universo retomara su rumbo.
-¿quieres morir? – le murmuro – nunca verás el final.
-No lo necesito, ya sé lo que pasará. Todos moriremos y volveremos a formar una nueva vida con nuestras energías, un nuevo universo.
-Yo no pienso morir – le gritó
-Comprendo – volvío sus ojos hacia la nave- necesitas terminar tu misión.
Se abrió una puerta de la nave, Del interior salio un ser malherido al que le costaba mantenerse en pie y mucho más andar.
-Este ser es un regalo para ti.- hizo un gesto con su mano metálica, como si fuera una reverencia – sus antepasados fueron los que idearon la luna negra, también fueron los que buscaron a la víctima perfecta y los directores al mando del proyecto Luna negra. – su voz se alzaba – Ellos son los culpables de que tu y yo estemos aquí ahora, también de que nuestra madre esté encerrada. Tenian miedo de morir – se movió hacia él, lo cogío del cuello y lo arrastró hasta donde estaba Hakara y lo tiro al suelo – este ser, se izo pasar por uno de los míos y en el momento oportuno, intentó matarme. Tiene tanto miedo a la muerte que quise darte el gusto de que le mostraras lo que hay al otro lado
-No me interesa – Hakara ni siquiera miraba aquel ser- ya no es importante
-¿que dices?- se movía con nerviosismo- esto es lo que madre nos dijo, lo que nos obligo hacer; nuestro objetivo. Te lo estoy entregando en bandeja de plata – el ser en el suelo sollozaba de terror.
-Ahora lo entiendo – dijo tranquila - Madre estaba furiosa con todo el mundo por eso deseaba la muerte de todos los que la dañaron, pero viéndolos uno por uno, sólo ves que han recibido lo que se merece, no necesitaban un ser justiciero que los matara, ellos ya están muertos por dentro – levantó la mirada y observó al único ojo brillante que tenia su hermano – al igual que tú, ya estas muerto.
-No te lo pondré tan fácil hermanita.

La luna negra se desquebrajaba casi por completo, se formó un brecha que separaba los dos hermanos de varios metros de ancho y kilómetros de largo. Era como si su propia madre intentara separarlos. Una parte de ella estaba manchada de venganza, pero otra parte, no quería ver como sus hijos se mataban.
-no te dejaré marchar – gritó la voz metálica- estamos apunto de entrar en el clímax del asunto, mátalo y deja que la energía se expanda sobre ti, que el poder de la creación cumpla su deber y todos estará como debía estar - gritaba- ¿es que tanto te cuesta entenderlo?
-No podemos cambiar el pasado, ni tampoco huir de él. Mi objetivo cambio el día en que tú te metiste en el medio, el día que creaste el Claniova hubo algo más importante que la venganza, algo que no conocía que existiera- Hakara levantaba el arma.
-Así que ahora yo soy tu objetivo, - se movía hacia atrás – pues bien aya voy – cogió carrerilla y saltoó la enorme brecha que los separaba – ahora que estamos tan juntitos veamos como logras salir de aquí.
Se abalanzó sobre ella, estuvo a punto de rajarle el estómago con el pincho viscoso. Ella pudo salvarse a dudas penas, unos restos de babas le dejaron marchas de babas, estas no eran venenosas, pero si tóxicas. La piel de Hakara enseguida empezó a ponerse roja. El ser metálico se había vuelto más rápido, seguramente, mientras hablaban estuvo haciendo algunas reformas en su ordenador principal y en sus engranajes.
Ahora luchaba contra un igual. Hakara lo observó fijamente y usó el Eco para poder ver lo que a simple vista se le ocultaba. De todos los tubos que tenía enganchado a todas partes del cuerpo, había uno que era el principal; necesitaba dañarlo en la zona que este se unía con su cabeza, eso lo desconectaría por completo.
Los terremotos en la luna negra se sacudían cada vez más violentos, un intenso calor derretía el suelo. Hakara y su hermano le quedaban poco tiempo para la gran explosión y si ellos se encontraban sobre la corteza materna comenzaría el fin del universo.
El ser metálico volvió a atacar, esta vez con más rapidez, su daga hirió el brazo de Hakara hundiéndose en la carne. Ella le golpeo dejándolo a pocos metros del borde de una de las grietas- Se tiro hacia el y le claco el cuchillo en una de las costillas, donde había un enresijo de cables. Él la agarró y empezó a apretarla con sus manos de metal. Ella gritaba de dolor. Activo la segunda hoja y se la lanzó a la cabeza. El ser metálico se quedo durante unos segundos quieto, parecía haberse paralizado. Hakara liberó sus manos de las de él y le arranco la daga de la cabeza. EL ser contesto al momento, con la punta envenenada llego a rozar la herida abierta de Hakara, la baba ardía en contacto con la sangre.
En ese momento sabía que moriría en cualquier lugar. Se arrojó hacía su hermano clavándole la daga en la base del cerebro. La daga de su hermano se le clavó en el estómago. El suelo cedió y empezaron a caer. Su metálico hermano ensanchaba una enorme sonrisa.
-moriremos con madre, el fin del universo acaba de comenzar.

Hakara sintió como algo metálico la agarraba, mientras observaba como su hermano se caía al núcleo de la luna horrorizado. Ella estaba agotada y no tenía fuerzas para preguntarse que estaba pasando. Sólo se dejó llevar. Por una vez se sentía completamente libre. No había venganza, no había miedos, no había tristeza. Sólo lamentaba no haber podido salvar a sus amigos.


-¿que va a pasar ahora? – Hakara tenía el cuerpo dolorido, estaba sin fuerzas para moverse o hablar.
-No te preocupes Arlen, el veneno esta siendo expulsado de su cuerpo; el poder de la daga es más increíble de lo que nos podíamos imaginar. Pronto volverá a estar perfecta.
-Pero la luna – Azuna observaba con tristeza através del monitor la explosión de la luna negra.
-Lo siento Azuma – era la voz de Ediondo- por lo menos conseguimos salvarla.
-¿que le ocurrirá al universo? – Arlen vendaba la pierna de Hakara y su estómago.
-Sin Hakara, el poder de la creación es muy lenta y débil, sin embargo absorberá todo aquello que este a su alrededor.
-Tenemos que detenerla – insistía Arlen
-Sin la luna Negra eso es imposible – la voz de Azuma estaba rota del dolor.
-Construiremos otra – dijo Arlen de forma rotunda.

lunes, 14 de marzo de 2011

Capítulo 30: Encuentro entre hermanos

Aquel ser no era humano, pero tampoco parecía un ser vivo. Debajo de su capa se escondía un cuerpo metálico que aún poseía algunos restos de carne. Su voz robótica le recordaba a la casa de Ediondo, donde todos sus siervos eran metálicos. ¿Como era posible que aquel ser fuera su hermano?
- ¿quien eres tú? – intentaba mantener las distancias.
- El que nació de tus fluidos y los de nuestra madre – su voz dañaba los oídos – puedo decir que he tenido dos madres.
- No eres como yo, - señalaba su cuerpo metálico - tú no pudiste salir del vientre materno.
- Caí a la tierra el día de los meteoritos. No podía ver mi imagen reflejada, me daba asco; no quería ser como esos asquerosos humanos. En cuento pude empecé a cambiar cada extremidad y cada célula por metales indestructibles. Cada tuerca es el anclaje de un hueso bañado en metal.
- Si no puedes verte como ser vivo, es porqué repudias tu existencia. – se llevó la mano a la daga.
- Me dijeron que tienes un nombre ¿quien te lo dio? – dio unos pasos hacía ella.
- Yo misma, no soy propiedad de nadie y tengo mi propiedad identidad. ¿cual es el tuyo? – no querría llamarle hermano, no lo sentía como tal.
- No tengo ninguno – se acercó un poco más – esperaba a que tu me lo pusieras, hermanita.
- Nadie tiene que decirte quien eres excepto tu mismo. – sacaba el puñal de la empuñadura.
- Creo que has estado demasiado tiempo en contacto con seres vivos, pareces uno de ellos. – la voz metálica se alzaba – Se te olvidó lo que nos hicieron los habitantes de este universo, la humillación hacia nuestra madre, como nos abandonaron mientras ellos se enriquecían y vivían sus vidas sin tener en cuenta sus actos pasados.
- He aprendido muchas cosas que desconocías de los seres vivos. Has estado encerrado en los recuerdos y no has visto más allá. Hay tantas cosas que ver y que aprender. No pienso deshacerme de ellas.
- ¿de ellas? – su boca metálica parecía sonreír – o querrás decir ¿de ellos? Tus compañeros de viaje infatigables ¿sabes que han hecho?
- Eso ahora no importa, sólo estamos tú y yo – tenia la daga en la mano.
- Han encontrado una cura al Claniova. Los sistemas infectados se están curando. Te has rodeado de gente interesante, supongo que es por eso que quieres defenderlos – aparte de su cuerpo metálico, había otro objeto que escondía en su mano que también brillaba.
- Llevaban demasiado tiempo debajo de mis faldas – sonrió complacida – Veo que conseguiste la daga gemela. – observaba su mano.
- Creí oportuno ir a recogerla. – parecía que suspiraba – Esperaba no tener que usarla. Es poco lo que necesito de ti.
- Deja de taladrar a nuestra madre y podremos hablar tranquilamente.
- Ese es parte del plan – dio un paso más hacia delante – esta dura roca sólo se ablanda cuando estamos los dos sobre ella, es el único memento en que se puede llegar al núcleo de la luna negra – movía la daga como si fuera un juguete – si los señores de la guerra lo supieran hubieran intentado secuestrarnos. Jajajaja, se quedaron sin su preciado botín, pero yo no pienso negar ese poder; liberaré a nuestra madre y todo seguirá su curso.
- ¿liberar a nuestra madre?- susurro
- Por supuesto ¿que esperabas que hiciera? – movía su cabeza para los lados.- ambos nacimos pora cumplir nuestro destino. El mío es liberar a nuestra madre para que el universo siga su curso.
- ¿como piensas liberarla? – si fuera tan fácil llega al núcleo y sacarla, ella misma lo hubiera hecho.
- Liberarla de su encierro y de esta vida llena de oscuridad. Su energía se unirá con la creación primigenia y recogerán el resto de vidas del universo. Se amasará en su seno para volver a explotar y crear nueva vida limpia y sin imperfecciones.
- Quieres matarla... – empuño la daga con fuerza.
- ¿acaso esta viva? – le preguntó con sorpresa - Lleva enjaulada tanto tiempo que la vida y la muerte son algo intangibles con un significado diferente al que tienen los seres vivos. Para ellos la vida acaba cuando tus funciones dejan de moverse. Pero para mi o para nuestra madre, la muerte es una forma más de existir.
- No permitiré que le hagas daño.- dio un paso hacia delante con la daga en la mano. – ella no morirá por ti.
- No muere por mi – él también agarraba la daga – sino porqué ella me lo pidió. Ella esta muerta en vida por nosotros, por aferrarnos a una estúpida vida. Es hora de que los seres vivos comprendan realmente lo que significa la muerte.
- Yo sentí su venganza y sus ganas de vivir. Incluso ahora ella busca al hombre que una vez amó y que sigue vivo. – le apuntó con el arma- has estado encerrado demasiado tiempo para entender los sentimientos, a veces un ser puede tener sentimientos enfrentados, no es fácil estar vivo.
- Esas complicaciones, el dolor, la venganza, el miedo, todo será olvidado; no existirá allí donde vamos, no hay nada que discutir, ni nada que pensar; todo es tranquilidad y sosiego. Ya has visto el sufrimiento, si pudieras darle algo mejor ¿no sé lo darías? Piensa en un lugar tan tranquilo que nada te perturbara.
- Las cosas que nos dan miedo, nos fortalecen; la venganza, nos da un objetivo; el dolor, nos recuerda que hay momentos felices. Todo es necesario para poder crecer y aprender.
- Eso díselo a nuestra madre, no le dejaron aprender esas cosas, la engañaron y la encerraron. Díselo al niño encerrado en un meteorito devorando carné por que uno seres hicieron experimentos. Ninguno de ellos te dirá que su vida es necesaria, incluso, si estuvieran muertos, nadie los echaría de menos. – bajó el puñal – tu sigues una venganza que madre te ha impuesto y yo sigo sus mandatos y ante todo, ella quiere ser libre.
- EL último deseo de madre – bajo su puñal, su cabeza parecía estar a punto de estallarle, había miles de ideas que parecían o tener fin. – ella quería morir – susurro.
- Eso es hermanita – se acercó a ella, lo suficiente que casi podía tocarla.- su último deseo, liberarla de esta prisión y que todo siga su curso.
- Nooooo – gritó mientras blandía la daga con fuerza
- No me esperaba menos de una guerrera – su sonrisa metaliza era dolorosa.
- No voy a desobedecer a nuestra madre – le susurro.

lunes, 28 de febrero de 2011

Capítulo 29: Regreso a la madre

El tiempo pasaba rápido dentro de la cápsula, un sueño podría equivaler a semanas, meses y años. Gracias al líquido que los mantenía con vida sus células envejecían despacio, como si se hubieran parado en el tiempo.
Un sonido fuerte resonó en los tímpanos de Hakara. El líquido lavaba su piel blanquecina para desaparecer por los conductos. Las bandas la abrazaron y comenzaron con la estimulación muscular. Cuanto más tiempo estaba en la cápsula más tiempo tardaban las bandas en tonificar los músculos. Pequeñas agujas penetraban en las articulaciones y descargaban minúsculas corrientes eléctricas que recorrían todo el sistema nervioso.
Al cabo de unas horas abrió los ojos. La luz era tenue, pero molesta, pestañeaba con rapidez y con movimientos lentos colocó su mano derecha sobre el rostro intentando protegerse. Movía cada músculo despacio, con inseguridad; temía que en cualquier momento su equilibrio le fallara.
Tardó dos horas en levantarse. Sus piernas temblaban como gelatina; aún se sentía débil, se apoyaba en las paredes para no caerse. Se fue hasta el puente de control principal. Su corazón la golpeaba con fuerza, estaba a punto de volver a casa. Temía lo que pudiera encontrarse, no había terminado su misión y volvía bajo las faldas de su madre.
En los monitores aparecía una imagen catastrófica. La luna negra estaba completamente astillada y con profundas grietas que la recorrían como una red tejida de cicatrices. Era cuestión de tiempo que se rompiera en mil pedazos.
La tierra parecía inhóspita, su atmósfera tenía un extraño color rojo. Hakara tecleó en el comando y la imagen de la tierra aumentó. Se podían ver las ciudades y las calles llenas de cadáveres en descomposición. Aumentó la imagen y se centró en los cadáveres, tenían síntomas de Claniova. La tierra debió ser uno de los primeros planetas en padecer la enfermedad. Siguió tecleando buscando señales de ayuda que los Terráqueos hubieran podido lanzar a los sistemas vecinos; no había ninguno, por algún motivo todas las señales que salieran de la tierra estaban bloqueadas, nadie pudo dar el aviso de auxilio, por eso nadie les ayudó. Aún así, era raro que ningún sistema se alarmara por la falta de comunicación o que el comercio quedara parado, ya que la tierra exportaba insectos y plantas a otros sistemas.
Si el Cleniova había matado a todos los humanos, ¿por que la atmósfera estaba roja? Parecía una enorme nube de contaminación o de toxicidad, ¿que la había causado? Observó los lugares donde la atmosfera era más densa. Enseguida se dio cuenta del patrón, todas esas zonas eran grandes ciudades, lugares invadidos por miles de cadáveres que se estaban pudriendo. El Cleniova en descomposición podría ser peor que el Cleniova en activo. Aquellos gases eran tan corrosivos como el ácido, destruían y quemaba todo ser vivo dejando el planeta estéril.
Se acercó a la luna negra, tenía que aterrizar sobre ella si quería hablar con su madre, debía conectarse con ella. Había una pequeña zona cerca de un enorme cráter que parecía segura. Aterrizo con cuidado, no quería dañar la envoltura de su madre más de lo que ya estaba. En cuanto sus pies tocaron la dura roca sintió un escalofrío; cerró los ojos y escuchó un débil palpitar; era su madre; sintió el alarido de auxilio que la luna desprendía. Su madre estaba sufriendo.
Debía llegar al interior de su madre para hablar con ella. Bajó lentamente por el cráter intentando no caer en su interior, pero cuanto más penetraba en la tierra más sentía el latido de su madre y su dolor; la roca se ablandaba para convertirse en gravilla y esta en arena. Los dedos de Hakara se agarraban con fuerza pero la arena, cada vez más fina, acabo cediendo; la caída fue inevitable. Antes de llegar al suelo pudo impulsarse para no caer de espaldas.
El suelo del cráter era de arena negra. Hakara se agachó y colocó las dos manos en el suelo. Debía comunicarse con ella através del tacto. En una fracción de segundo sus mentes estaban conectadas, pero el dolor de su madre era demasiado fuerte y el vínculo era insostenible. Hakara recibía imágenes confusas, algunas eran de cuando era humana, había rostros de médicos y salas de hospitales. Había un rostro de un médico joven que se repetía una y otra vez, debía ser el chico del que se había enamorado; parecían felices. Hakara podía sentir las emociones de su madre, eran desconocidas para ella y demasiado fuertes, creía que se iba a desmayar. Después llegó el dolor, su piel se quemaba y se endurecía, la luz desapareció y se encontró atrapada en la oscuridad, la sensación de ahogo la empujó, tuvo que apartar las manos de golpe. Una lágrima se escabullía por su mejilla derecha. Tragó saliva antes de volver a poner las manos sobre la arena.
Después de la oscuridad llegó otro sentimiento: la soledad. Este sentimiento desterraba cualquier otro, furia, venganza, terror. No podía compartir lo que sentía con nadie, se estaba volviendo loca. En uno de esos momentos de soledad se abrazo a si misma y sintió el latido de dos corazones aparte del de ella. La siguiente visión era de su madre enfrentada por el amor y la ira. Dentro de la oscuridad los latidos se hacían más fuertes, sus bebes crecían, ella no necesitaba verlos para saber lo que les ocurría.
Su madre se acercaba a ella y la acariciaba con cariño, después se iba a acariciar a su otro hijo. Aunque los quería a los dos el trato era diferente. Su hija se vengaría de los descendientes que le trajeron la ruina y su hijo acabaría con aquello que una vez comenzó: destruir el universo.
Hakara no entendía porqué su madre no le había dicho nada, porqué le había ocultado la presencia de un hermano. Ese sentimiento llegó hasta su madre quien le respondió con una visión. Su madre unas horas antes de convertirse en la luna negra se escapo en medio de la noche, su amante la estaba esperando. Los dos se unieron en un profundo beso y se dejaron llevar por la pasión. Era la primera vez que estaba con un hombre y quería que fuera algo especial. Cuando se despidieron, la vida crecía en su interior. En el momento que se convirtió en la luna negra el poder de la creación quedó encerrada con ella y la vida que engendraba también se vio alterada.
Hakara temblaba, había sido engendrada por un padre humano, no era fruto exclusivo del poder de la creación como había pensado. Otra imagen, de los restos de vida que Hakara dejaba en el interior de su madre se formaba una vida nueva, una vida hecha de soledad, destrucción, furia, etc. Su hermano había sido creado con su ADN pero no tenía padre natural como ella. Eso no explicaba por que le había ocultado algo tan importante.
Otra imagen apareció, era el rostro de su padre. Era un joven atractivo y sonriente, estaba enamorado, la besaba y le murmuraba frases bonitas al oído. Ella lo llamaba, al principio Hakara no escuchaba su nombre, pero este empezó a convertirse en un murmullo, luego en un susurro alto, hasta que lo escuchó tan perfectamente que sintió que el mundo se le caía encima: Azuma. En su cabeza el Eco empezó a acumular imágenes, los recuerdos de Hakara y los recuerdos de su madre, hasta que identifico los dos seres que ellas conocían. El Azuna del pasado se había convertido en un gran científico que se había especializado en simbiosis con la idea de poder vivir eternamente, o por lo menos hasta que pudiera emendar el agravio cometido.
Había estado con su padre todo este tiempo, él ¿lo sabría?, en ningún momento le había hablado sobre sus objetivos o sobre su pasado. Tenía ganas de salir corriendo, quería verlo aunque no sabía para que, ¿que le diría? Estaba tan nerviosa que su cabeza se nublaba.
Un golpe, un fuerte golpe, como una taladradora en la superficie de la luna negra, después un grito desde el corazón de su madre. Hakara apartó las manos y subió por una de las paredes del cráter; sus manos en forma de gancho se agarraban a la arena intentando trepar, sin darse cuenta de que tenía los dedos llenos de heridas y llagas.
En la cima vio una nave junto a la de ella. A escasos metros una sombra con una enorme capa negra había clavado algo en la superficie de su madre.
- tú – gritó Hakara – márchate ahora mismo de aquí
- hola hermanita. – el hombre de la capa se giró.

viernes, 28 de enero de 2011

Capítulo 28 - Cruce

Hakara observaba desde el puente de mando como se alejaba del planeta y de la galaxia. Las luces de las estrellas y de los astros que estaban cerca eran tan hermoso como solitarios, pero en su conjunto era como si un hilo invisible las conectara. Ella estaba sola, completamente sola, se viera por donde se viera, ella no estaba unida a nadie.
Pensaba que libre del peso de sus compañeros estaría libre de hacer y deshacer a su antojo, sin embargo la sensación era muy diferente, como si le hubieran arrancado una parte de ella. Quería dar la vuelta, pero no podía, debía seguir su camino.
Entró en la cápsula de hibernación, tardaría meses en llegar a su destino. Volvería al seno materno. Se ponía nerviosa con pensarlo, no había cumplido con su misión y ya estaba regresando, pero necesitaba respuestas. ¿quien es ese hermano?¿es real?¿porqué no lo sintió en el vientre materno? Si es así no entendía porqué su madre se lo había ocultado. El líquido empezó a llenar sus pulmones. La sensación de ahogo duró unos minutos, después sobrevino la calma.

Una nave negra salía de Nova Antor. Había tres seres en su interior, dos hablaban mientras otro pilotaba.
- está todo listo – era el hombre sin nombre
- hay una semilla de Cleniova en todos los sectores – respondía un ser encapuchado
- perfecto- susurró – es hora de ejecutar el gran plan.
-¿estáis seguros señor? - el encapuchado hacia una reverencia – es muy peligroso
no te preocupes, voy a ver a mi madre y creo que mi hermana también estará cerca – sonreía – será una bonita reunión familiar.
-No sabe como reaccionara su hermana.
-Estará confusa, no entenderá lo que ocurre; bajara la guardia y será manipulable.
-¿y si no sale como planeáis? - el encapuchado seguía agachado.
-tiene que funcionar, sin ella no podemos despertar la luna negra – se acercó a la pantalla, había una enorme imagen de la tierra, a su lado la luna y al otro, la luna negra astillada por varias partes. - ese caparazón debe romperse para que el verdadero poder salga a la luz.
-El poder de la destrucción y de la vida juntos sobre la luna negra, - exhaló un suspiro- sería devastador.
-esa es la idea – sonrío – la explosión que causaremos terminará con una implosión que engullirá el universo lentamente. Mientras, las galaxias más lejanas serán devoradas por el Cleniova, no habrá resistencia posible, ni tiempo para una segunda luna negra. Todo desaparecerá con un blanco resplandor.
-¿pero usted señor? - su voz temblaba.
-yo seré engullido por mi madre al igual que mi hermana. Aquello que se inició hace tiempo volverá a resurgir con más fuerza.
-No lo entiendo mi señor, - se dejó caer de rodillas – Vos moriréis en el momento.
-Jajaja – la voz metálica resonaba en toda la estancia – eso es un concepto discutible. Sólo muere este cuerpo de carne y metal, yo seguiré vivo eternamente.
El hombre que estaba de rodillas se levantó despacio, temblando. No estaba pensando en su amo, si no, en que él estaría cerca de la luna negra cuando ocurriera la explosión. No tenía manera de huir. No había nave de rescate, es más, el Señor Sin Nombre había sido muy riguroso a la hora de la nave: que fuera rápida, que no tuviera mucho peso y que se eliminaran las naves de huida. Si esta era una cruzada de su amo ¿porqué lo necesitaba a él? ¿porqué debía morir? Un sudor frío le recorría la frente, no había escapatoria.
-No quiero morir – murmuró – yo no tengo porqué morir.
-Todos estamos muertos, cuando pise la Luna Negra comenzara la implosión, toda vida morirá y quien sabe, quizás con el tiempo vuelva a resurgir.
-Entonces – titubeo mientras buscaba algo debajo de la túnica – es mejor que no llegues nunca - gritó mientras corría hacia su amo con un arma en la mano.

-Arlen deja de quejarte – gritaba el Neuro mientras le introducía una aguja para extraer sangre.
-Si tenéis una bolsa llena, - estaba cansado, todos los días desde hacía dos meses, había pruebas extrañas y dolorosas.
-Eres un quejica – le decía Erica que estaba a su lado – a mi también me quitan sangre – señalaba a la vía que le estaba succionando la sangre, el tubo subía hacia una maquina que diferencia hasta 20 tipos distintos de vitaminas y minerales, una vez analizada la sangre volvía a otra vía que estaba en su otro brazo. - y no me quejo tanto – decía orgullosa.
-Genial – se tiró en la camilla- hasta las niñas se ríen de mi – un carcajada sonaba de todas partes, tanto el Azuna como Ediondo se unían a ella.
Estos últimos dos meses la relación entre los cuatro se había hecho muy solida. Al principio la perdida de Hakara había sido un shock, no sólo para Arlen, sino también para Azuma. A veces Ediondo lo encontraba dirigiendo los satélites en busca de la nave. Un día se acercó.
-No creo que la encuentres, el universo es demasiado grande – le había dicho Ediondo.
-Sé a donde va – le contesto con tristeza – se reunirá con su madre y con su hermano.
-No se lo has dicho ¿verdad? - observaba una imagen de la luna negra.
-Esperaré a que regrese para decirle quien soy.
-¿Y si no regresa?
-Entonces na abra nada que contarle – exhaló
-pues dejala ir - Ediondo le dio un golpe en el hombro y se dio la vuelta. Azuna eliminó la imagen de la luna negra de la pantalla.
Desde aquel día no volvió acercarse a los monitores. Arlen, sufrió durante semanas de insomnio, pero fue la pequeña Erica quien le ayudó a pasar página. Por algún motivo la pequeña se había encariñado con él. Era ella quien lo llamaba por las mañanas, incluso cuando tenía pesadillas se metía en su cama y se quedaban los dos dormidos. Estaban juntos en las pruebas, aunque a uno de los dos no les tocara estar en la sala médica, siempre se hacían compañía.
Ediondo dejó una de las imágenes de su esposa en el nuevo comedor, llevaba puesto el hermoso vestido que uno de los maniquíes robot le había dado a Hakara; eran tan parecidas que el hecho de tener su imagen les hacia sentir una ligera esperanza de volver a verla algún día.
-Venga chicos, las últimas pruebas han salido geniales.
-Aún no somos capaces de eliminarlo – dijo Arlen
-Pero conseguimos detenerlo y las células infectadas las mantenemos al margen con las píldoras.
-No es suficiente – murmuró – necesitamos un antídoto.
-¿y tu? ¿que quieres que hagamos contigo? - Azuna lo miraba fijamente.
-Cuando encontremos el antídoto y mi cepa no sea necesaria, entonces la eliminaremos.
-Esta creciendo como un simbioide, quizás sea tarde.
-Prefiero arriesgarme.- su voz temblaba, sabia las consecuencias.
-No te preocupes - decía la dulce voz de la niña – yo te voy a curar.
La maquina que tenía la pequeña en el brazo empezó a pitar. Señal de que ya había terminado. Ediondo le sacó las agujas lentamente, no quería hacerle daño; su frágil brazo estaba lleno de moratones y marcas de pinchazos de días anteriores. Le parecía increíble que una niña tan pequeña fuera tan fuerte y capaz de contagiar esa fortaleza en los demás. Sin ella, no habría manera de detener el Cleniova.
-Señor – era uno de los robots – se mandaron las naves a los distintos sectores, varios planetas han mandado a un emisario y ofrendas, en agradecimiento por su labor.
-¿Que ha sido de los planetas infectados?
-Algunos Einsers están cuidando a los enfermos, también agradecen su ayuda. Se ha informado a los Ela y a los Suercos que tenemos una híbrida suya que es inmune a la enfermedad. Nos han mandado bolsas de su liquido vital para que la examinemos; están muy preocupados ya que sus sistemas planetarios están empezando a tener brotes de Claniova, solicitan que se les envié medicamentos y que facilitaran cualquier ayuda, incluso nos mandaron dos miembros sanos de cada sexo para que experimentemos con ellos.
-¿donde están?
-En el despacho con el resto de regalos y cartas.
Ediondo le dio un beso a la niña y con un gesto de mano se despidió de Arlen y Azuma. Siguió al robot a través de los pasillos. Una vez más el interior empezó a cambiar. Las paredes se volvieron negras y empezaron a estrecharse. Las puertas se cerrabas y se convertían en paredes solidas, nadie podía entrar ni salir.
Llegaron a un cuarto con estanterías llenas de libros y una enorme mesa en el centro llena de documentos. De un lateral apareció un hombre encapuchado. Se movía lentamente y en zigzag, parecía que cada paso que daba era un duro trabajo.
-Hola Ediondo.
-Buenas Drail, vaya sorpresa.
-Los rumores son correctos. - Drail sacaba su lengua de reptil – estas ayudando a curar el Cleniova.
-A si es – sonreía mientras se iba hacia la mesa – no tengo vacuna pero espero tenerla en poco tiempo.
-¿cómo te a través? - le gritó – eso va en contra de lo que debemos hacer, el Señor se va a enfadar.
-Vamos, sólo quiero ver como termina esto – se sentó en un sillón – la lucha entre la vida y la muerte, es diferente y estoy tan cansado de ver siempre lo mismo.
-¿esto te parece divertido? - gruñó – Estamos apunto de conseguir nuestro sueño de terminar con todo esto ¿y tu te dedicas a curarlos?
-¿Nunca has dejado sin comer durante varios días a unos animales para después darles de comer y ver como se pelean? - reía
-Me parece una forma estúpida de perder el tiempo.
-porqué no llevas vivo tanto tiempo como yo, ya nada me divierte – movía las manos con nerviosismo – sin embargo esto es nuevo y es tan entretenido, ya tengo un motivo para levantarme por las mañanas.
-Eres retorcido – se dio la vuelta – El Señor se encargara de ti.
-Puede ser, pero antes, - se levantó – estas en mi planeta y mi planeta tiene vida propia. Respeta a mis invitados, pero tú no lo eres.
Las paredes se movieron con violencia, el suelo se ondulaba bajo sus pies. Drail intentó moverse pero era imposible, el suelo lo estaba tragando. De debajo de la túnica apareció una larga y fina cola que luchaba por llegar hasta Ediondo, estaba demasiado lejos. El suelo se lo tragó, no tuvo opción para escapar.
-¿donde están? - contenía su cólera – los sujetos para la investigación, veo los regalos, las cartas, las bolsas de líquido de vida, pero no veo a los sujetos para la investigación.
-El señor Drail me dio instrucciones de que dijera eso.
-Eres mi robot y me mientes, interesante. - se levantó y fue hacía él. - creo que es hora de que te jubiles.
Se colocó detrás y desactivo varios comandos. Al momento una pequeña llama surgió del interior, los brazos y las piernas se soltaron y cayeron. El torso y la cabeza acabaron desintegrándose.
-Bueno. Volvamos al juego – sonreía mientras volvía junto Azuna, Arlen y Erica.