viernes, 28 de enero de 2011

Capítulo 28 - Cruce

Hakara observaba desde el puente de mando como se alejaba del planeta y de la galaxia. Las luces de las estrellas y de los astros que estaban cerca eran tan hermoso como solitarios, pero en su conjunto era como si un hilo invisible las conectara. Ella estaba sola, completamente sola, se viera por donde se viera, ella no estaba unida a nadie.
Pensaba que libre del peso de sus compañeros estaría libre de hacer y deshacer a su antojo, sin embargo la sensación era muy diferente, como si le hubieran arrancado una parte de ella. Quería dar la vuelta, pero no podía, debía seguir su camino.
Entró en la cápsula de hibernación, tardaría meses en llegar a su destino. Volvería al seno materno. Se ponía nerviosa con pensarlo, no había cumplido con su misión y ya estaba regresando, pero necesitaba respuestas. ¿quien es ese hermano?¿es real?¿porqué no lo sintió en el vientre materno? Si es así no entendía porqué su madre se lo había ocultado. El líquido empezó a llenar sus pulmones. La sensación de ahogo duró unos minutos, después sobrevino la calma.

Una nave negra salía de Nova Antor. Había tres seres en su interior, dos hablaban mientras otro pilotaba.
- está todo listo – era el hombre sin nombre
- hay una semilla de Cleniova en todos los sectores – respondía un ser encapuchado
- perfecto- susurró – es hora de ejecutar el gran plan.
-¿estáis seguros señor? - el encapuchado hacia una reverencia – es muy peligroso
no te preocupes, voy a ver a mi madre y creo que mi hermana también estará cerca – sonreía – será una bonita reunión familiar.
-No sabe como reaccionara su hermana.
-Estará confusa, no entenderá lo que ocurre; bajara la guardia y será manipulable.
-¿y si no sale como planeáis? - el encapuchado seguía agachado.
-tiene que funcionar, sin ella no podemos despertar la luna negra – se acercó a la pantalla, había una enorme imagen de la tierra, a su lado la luna y al otro, la luna negra astillada por varias partes. - ese caparazón debe romperse para que el verdadero poder salga a la luz.
-El poder de la destrucción y de la vida juntos sobre la luna negra, - exhaló un suspiro- sería devastador.
-esa es la idea – sonrío – la explosión que causaremos terminará con una implosión que engullirá el universo lentamente. Mientras, las galaxias más lejanas serán devoradas por el Cleniova, no habrá resistencia posible, ni tiempo para una segunda luna negra. Todo desaparecerá con un blanco resplandor.
-¿pero usted señor? - su voz temblaba.
-yo seré engullido por mi madre al igual que mi hermana. Aquello que se inició hace tiempo volverá a resurgir con más fuerza.
-No lo entiendo mi señor, - se dejó caer de rodillas – Vos moriréis en el momento.
-Jajaja – la voz metálica resonaba en toda la estancia – eso es un concepto discutible. Sólo muere este cuerpo de carne y metal, yo seguiré vivo eternamente.
El hombre que estaba de rodillas se levantó despacio, temblando. No estaba pensando en su amo, si no, en que él estaría cerca de la luna negra cuando ocurriera la explosión. No tenía manera de huir. No había nave de rescate, es más, el Señor Sin Nombre había sido muy riguroso a la hora de la nave: que fuera rápida, que no tuviera mucho peso y que se eliminaran las naves de huida. Si esta era una cruzada de su amo ¿porqué lo necesitaba a él? ¿porqué debía morir? Un sudor frío le recorría la frente, no había escapatoria.
-No quiero morir – murmuró – yo no tengo porqué morir.
-Todos estamos muertos, cuando pise la Luna Negra comenzara la implosión, toda vida morirá y quien sabe, quizás con el tiempo vuelva a resurgir.
-Entonces – titubeo mientras buscaba algo debajo de la túnica – es mejor que no llegues nunca - gritó mientras corría hacia su amo con un arma en la mano.

-Arlen deja de quejarte – gritaba el Neuro mientras le introducía una aguja para extraer sangre.
-Si tenéis una bolsa llena, - estaba cansado, todos los días desde hacía dos meses, había pruebas extrañas y dolorosas.
-Eres un quejica – le decía Erica que estaba a su lado – a mi también me quitan sangre – señalaba a la vía que le estaba succionando la sangre, el tubo subía hacia una maquina que diferencia hasta 20 tipos distintos de vitaminas y minerales, una vez analizada la sangre volvía a otra vía que estaba en su otro brazo. - y no me quejo tanto – decía orgullosa.
-Genial – se tiró en la camilla- hasta las niñas se ríen de mi – un carcajada sonaba de todas partes, tanto el Azuna como Ediondo se unían a ella.
Estos últimos dos meses la relación entre los cuatro se había hecho muy solida. Al principio la perdida de Hakara había sido un shock, no sólo para Arlen, sino también para Azuma. A veces Ediondo lo encontraba dirigiendo los satélites en busca de la nave. Un día se acercó.
-No creo que la encuentres, el universo es demasiado grande – le había dicho Ediondo.
-Sé a donde va – le contesto con tristeza – se reunirá con su madre y con su hermano.
-No se lo has dicho ¿verdad? - observaba una imagen de la luna negra.
-Esperaré a que regrese para decirle quien soy.
-¿Y si no regresa?
-Entonces na abra nada que contarle – exhaló
-pues dejala ir - Ediondo le dio un golpe en el hombro y se dio la vuelta. Azuna eliminó la imagen de la luna negra de la pantalla.
Desde aquel día no volvió acercarse a los monitores. Arlen, sufrió durante semanas de insomnio, pero fue la pequeña Erica quien le ayudó a pasar página. Por algún motivo la pequeña se había encariñado con él. Era ella quien lo llamaba por las mañanas, incluso cuando tenía pesadillas se metía en su cama y se quedaban los dos dormidos. Estaban juntos en las pruebas, aunque a uno de los dos no les tocara estar en la sala médica, siempre se hacían compañía.
Ediondo dejó una de las imágenes de su esposa en el nuevo comedor, llevaba puesto el hermoso vestido que uno de los maniquíes robot le había dado a Hakara; eran tan parecidas que el hecho de tener su imagen les hacia sentir una ligera esperanza de volver a verla algún día.
-Venga chicos, las últimas pruebas han salido geniales.
-Aún no somos capaces de eliminarlo – dijo Arlen
-Pero conseguimos detenerlo y las células infectadas las mantenemos al margen con las píldoras.
-No es suficiente – murmuró – necesitamos un antídoto.
-¿y tu? ¿que quieres que hagamos contigo? - Azuna lo miraba fijamente.
-Cuando encontremos el antídoto y mi cepa no sea necesaria, entonces la eliminaremos.
-Esta creciendo como un simbioide, quizás sea tarde.
-Prefiero arriesgarme.- su voz temblaba, sabia las consecuencias.
-No te preocupes - decía la dulce voz de la niña – yo te voy a curar.
La maquina que tenía la pequeña en el brazo empezó a pitar. Señal de que ya había terminado. Ediondo le sacó las agujas lentamente, no quería hacerle daño; su frágil brazo estaba lleno de moratones y marcas de pinchazos de días anteriores. Le parecía increíble que una niña tan pequeña fuera tan fuerte y capaz de contagiar esa fortaleza en los demás. Sin ella, no habría manera de detener el Cleniova.
-Señor – era uno de los robots – se mandaron las naves a los distintos sectores, varios planetas han mandado a un emisario y ofrendas, en agradecimiento por su labor.
-¿Que ha sido de los planetas infectados?
-Algunos Einsers están cuidando a los enfermos, también agradecen su ayuda. Se ha informado a los Ela y a los Suercos que tenemos una híbrida suya que es inmune a la enfermedad. Nos han mandado bolsas de su liquido vital para que la examinemos; están muy preocupados ya que sus sistemas planetarios están empezando a tener brotes de Claniova, solicitan que se les envié medicamentos y que facilitaran cualquier ayuda, incluso nos mandaron dos miembros sanos de cada sexo para que experimentemos con ellos.
-¿donde están?
-En el despacho con el resto de regalos y cartas.
Ediondo le dio un beso a la niña y con un gesto de mano se despidió de Arlen y Azuma. Siguió al robot a través de los pasillos. Una vez más el interior empezó a cambiar. Las paredes se volvieron negras y empezaron a estrecharse. Las puertas se cerrabas y se convertían en paredes solidas, nadie podía entrar ni salir.
Llegaron a un cuarto con estanterías llenas de libros y una enorme mesa en el centro llena de documentos. De un lateral apareció un hombre encapuchado. Se movía lentamente y en zigzag, parecía que cada paso que daba era un duro trabajo.
-Hola Ediondo.
-Buenas Drail, vaya sorpresa.
-Los rumores son correctos. - Drail sacaba su lengua de reptil – estas ayudando a curar el Cleniova.
-A si es – sonreía mientras se iba hacia la mesa – no tengo vacuna pero espero tenerla en poco tiempo.
-¿cómo te a través? - le gritó – eso va en contra de lo que debemos hacer, el Señor se va a enfadar.
-Vamos, sólo quiero ver como termina esto – se sentó en un sillón – la lucha entre la vida y la muerte, es diferente y estoy tan cansado de ver siempre lo mismo.
-¿esto te parece divertido? - gruñó – Estamos apunto de conseguir nuestro sueño de terminar con todo esto ¿y tu te dedicas a curarlos?
-¿Nunca has dejado sin comer durante varios días a unos animales para después darles de comer y ver como se pelean? - reía
-Me parece una forma estúpida de perder el tiempo.
-porqué no llevas vivo tanto tiempo como yo, ya nada me divierte – movía las manos con nerviosismo – sin embargo esto es nuevo y es tan entretenido, ya tengo un motivo para levantarme por las mañanas.
-Eres retorcido – se dio la vuelta – El Señor se encargara de ti.
-Puede ser, pero antes, - se levantó – estas en mi planeta y mi planeta tiene vida propia. Respeta a mis invitados, pero tú no lo eres.
Las paredes se movieron con violencia, el suelo se ondulaba bajo sus pies. Drail intentó moverse pero era imposible, el suelo lo estaba tragando. De debajo de la túnica apareció una larga y fina cola que luchaba por llegar hasta Ediondo, estaba demasiado lejos. El suelo se lo tragó, no tuvo opción para escapar.
-¿donde están? - contenía su cólera – los sujetos para la investigación, veo los regalos, las cartas, las bolsas de líquido de vida, pero no veo a los sujetos para la investigación.
-El señor Drail me dio instrucciones de que dijera eso.
-Eres mi robot y me mientes, interesante. - se levantó y fue hacía él. - creo que es hora de que te jubiles.
Se colocó detrás y desactivo varios comandos. Al momento una pequeña llama surgió del interior, los brazos y las piernas se soltaron y cayeron. El torso y la cabeza acabaron desintegrándose.
-Bueno. Volvamos al juego – sonreía mientras volvía junto Azuna, Arlen y Erica.