lunes, 14 de marzo de 2011

Capítulo 30: Encuentro entre hermanos

Aquel ser no era humano, pero tampoco parecía un ser vivo. Debajo de su capa se escondía un cuerpo metálico que aún poseía algunos restos de carne. Su voz robótica le recordaba a la casa de Ediondo, donde todos sus siervos eran metálicos. ¿Como era posible que aquel ser fuera su hermano?
- ¿quien eres tú? – intentaba mantener las distancias.
- El que nació de tus fluidos y los de nuestra madre – su voz dañaba los oídos – puedo decir que he tenido dos madres.
- No eres como yo, - señalaba su cuerpo metálico - tú no pudiste salir del vientre materno.
- Caí a la tierra el día de los meteoritos. No podía ver mi imagen reflejada, me daba asco; no quería ser como esos asquerosos humanos. En cuento pude empecé a cambiar cada extremidad y cada célula por metales indestructibles. Cada tuerca es el anclaje de un hueso bañado en metal.
- Si no puedes verte como ser vivo, es porqué repudias tu existencia. – se llevó la mano a la daga.
- Me dijeron que tienes un nombre ¿quien te lo dio? – dio unos pasos hacía ella.
- Yo misma, no soy propiedad de nadie y tengo mi propiedad identidad. ¿cual es el tuyo? – no querría llamarle hermano, no lo sentía como tal.
- No tengo ninguno – se acercó un poco más – esperaba a que tu me lo pusieras, hermanita.
- Nadie tiene que decirte quien eres excepto tu mismo. – sacaba el puñal de la empuñadura.
- Creo que has estado demasiado tiempo en contacto con seres vivos, pareces uno de ellos. – la voz metálica se alzaba – Se te olvidó lo que nos hicieron los habitantes de este universo, la humillación hacia nuestra madre, como nos abandonaron mientras ellos se enriquecían y vivían sus vidas sin tener en cuenta sus actos pasados.
- He aprendido muchas cosas que desconocías de los seres vivos. Has estado encerrado en los recuerdos y no has visto más allá. Hay tantas cosas que ver y que aprender. No pienso deshacerme de ellas.
- ¿de ellas? – su boca metálica parecía sonreír – o querrás decir ¿de ellos? Tus compañeros de viaje infatigables ¿sabes que han hecho?
- Eso ahora no importa, sólo estamos tú y yo – tenia la daga en la mano.
- Han encontrado una cura al Claniova. Los sistemas infectados se están curando. Te has rodeado de gente interesante, supongo que es por eso que quieres defenderlos – aparte de su cuerpo metálico, había otro objeto que escondía en su mano que también brillaba.
- Llevaban demasiado tiempo debajo de mis faldas – sonrió complacida – Veo que conseguiste la daga gemela. – observaba su mano.
- Creí oportuno ir a recogerla. – parecía que suspiraba – Esperaba no tener que usarla. Es poco lo que necesito de ti.
- Deja de taladrar a nuestra madre y podremos hablar tranquilamente.
- Ese es parte del plan – dio un paso más hacia delante – esta dura roca sólo se ablanda cuando estamos los dos sobre ella, es el único memento en que se puede llegar al núcleo de la luna negra – movía la daga como si fuera un juguete – si los señores de la guerra lo supieran hubieran intentado secuestrarnos. Jajajaja, se quedaron sin su preciado botín, pero yo no pienso negar ese poder; liberaré a nuestra madre y todo seguirá su curso.
- ¿liberar a nuestra madre?- susurro
- Por supuesto ¿que esperabas que hiciera? – movía su cabeza para los lados.- ambos nacimos pora cumplir nuestro destino. El mío es liberar a nuestra madre para que el universo siga su curso.
- ¿como piensas liberarla? – si fuera tan fácil llega al núcleo y sacarla, ella misma lo hubiera hecho.
- Liberarla de su encierro y de esta vida llena de oscuridad. Su energía se unirá con la creación primigenia y recogerán el resto de vidas del universo. Se amasará en su seno para volver a explotar y crear nueva vida limpia y sin imperfecciones.
- Quieres matarla... – empuño la daga con fuerza.
- ¿acaso esta viva? – le preguntó con sorpresa - Lleva enjaulada tanto tiempo que la vida y la muerte son algo intangibles con un significado diferente al que tienen los seres vivos. Para ellos la vida acaba cuando tus funciones dejan de moverse. Pero para mi o para nuestra madre, la muerte es una forma más de existir.
- No permitiré que le hagas daño.- dio un paso hacia delante con la daga en la mano. – ella no morirá por ti.
- No muere por mi – él también agarraba la daga – sino porqué ella me lo pidió. Ella esta muerta en vida por nosotros, por aferrarnos a una estúpida vida. Es hora de que los seres vivos comprendan realmente lo que significa la muerte.
- Yo sentí su venganza y sus ganas de vivir. Incluso ahora ella busca al hombre que una vez amó y que sigue vivo. – le apuntó con el arma- has estado encerrado demasiado tiempo para entender los sentimientos, a veces un ser puede tener sentimientos enfrentados, no es fácil estar vivo.
- Esas complicaciones, el dolor, la venganza, el miedo, todo será olvidado; no existirá allí donde vamos, no hay nada que discutir, ni nada que pensar; todo es tranquilidad y sosiego. Ya has visto el sufrimiento, si pudieras darle algo mejor ¿no sé lo darías? Piensa en un lugar tan tranquilo que nada te perturbara.
- Las cosas que nos dan miedo, nos fortalecen; la venganza, nos da un objetivo; el dolor, nos recuerda que hay momentos felices. Todo es necesario para poder crecer y aprender.
- Eso díselo a nuestra madre, no le dejaron aprender esas cosas, la engañaron y la encerraron. Díselo al niño encerrado en un meteorito devorando carné por que uno seres hicieron experimentos. Ninguno de ellos te dirá que su vida es necesaria, incluso, si estuvieran muertos, nadie los echaría de menos. – bajó el puñal – tu sigues una venganza que madre te ha impuesto y yo sigo sus mandatos y ante todo, ella quiere ser libre.
- EL último deseo de madre – bajo su puñal, su cabeza parecía estar a punto de estallarle, había miles de ideas que parecían o tener fin. – ella quería morir – susurro.
- Eso es hermanita – se acercó a ella, lo suficiente que casi podía tocarla.- su último deseo, liberarla de esta prisión y que todo siga su curso.
- Nooooo – gritó mientras blandía la daga con fuerza
- No me esperaba menos de una guerrera – su sonrisa metaliza era dolorosa.
- No voy a desobedecer a nuestra madre – le susurro.

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