martes, 22 de marzo de 2011


Capítulo 31 - Comienzo del fin

Hakara sentía como su cuerpo cambiaba; su fuerza, su perspectiva, su piel. Ahora era parte del todo y al mismo tiempo no era parte de nada. Se dio cuenta de que las palabras de su hermano no eran completamente ilógicas. Su madre era una muerta en vida y el mejor favor que se le podía hacer era una muerte honrosa; sin embargo al mismo tiempo su vida era lo que detenía a la creación y con su vida, vivía todo, tanto lo bueno como lo malo.
Observo la daga de su hermano; había tanta gente que deseaba la vida como gente que deseaba la muerte; era normal que ambas dagas fueran diferentes a todas las demás. Sería una lucha interesante.
Su hermano observó como la piel de su hermana tenia un extraño brillo azulado. Sus ojos eran completamente negros, sus iris mostraban un azul poderoso, como si fuera un animal. Su oscuro cabello ondeante brillaba camuflándose con la oscuridad del cielo. Aún sin tener cuerpo humano pudo sentir una punzada donde debería estar su corazón. Era hermosa y fuerte.
Antes de que terminara de pensar Hakara estaba sobre él. Le ataco su brazo izquierdo. Con su doble hoja pudo cortar varios cables. El ser metálico gritó y empujó a Hakara lo más lejos que pudo. Cogió los cables cortados e intentó unirlos, un líquido marrón viscoso, que desprendía un olor asqueroso, chorreaba a través de los engranajes. Hakara se levanto de un salto y volvió a envestir.
El ser metálico se giró e intentó alcanzar a Hakara con la parte venenosa. Pero esta pudo esquivarlo en el último momento. Los dos estaban uno frente al otro. Las extremidades metálicas chirriaban cuando se movían. Hakara podía ver con anticipación cada movimiento de su supuesto hermano. Dio un salto sobre él y clavó la daga en uno de esos ojos metálicos, apagándolo. El ser metálico se sentía indefenso; no había causado ni el menor roce en el cuerpo de su hermana mientras que él casi no aguantaba en pie. ¿Como era posible?
Hubo un nuevo temblor; los dos intentaron mantenerse de pie mientras el suelo se desquebrajaba. El pincho que su hermano había clavado había llegado al núcleo. Los gritos de su madre eran terroríficos. Hakara podría sentir el dolor, el desgarro, como si todos sus miembros fueran arrancados. Su hermano sonreía triunfal.
Esta vez fue él quien dio el primer paso. Corrió hacia ella; dió la vuelta a su daga y el pincho viscoso a punto al brazo de Hakara; esta consiguió moverse hacía abajo mientras apuñalaba uno de los huesos metálicos con forma de vértebras, pero no pudo impedir, que la hoja de la daga de su hermano se clavara en su muslo. Ambos soltaron un alarido de dolor.
-vamos hermanita – su voz metálica era más chillona- ya has perdido, madre esta muerta y en segundos la luna explotara – estiro su mano vacía – únete a mi, seamos parte de nuestra madre y todo acabará destruido.
-¿formar parte de nuestra madre? – no entendía de que estaba hablando.
-Es muy sencillo, ella necesita todo el poder que vive en nuestro interior para que se produzca su último grito, sólo así el universo retomara su rumbo.
-¿quieres morir? – le murmuro – nunca verás el final.
-No lo necesito, ya sé lo que pasará. Todos moriremos y volveremos a formar una nueva vida con nuestras energías, un nuevo universo.
-Yo no pienso morir – le gritó
-Comprendo – volvío sus ojos hacia la nave- necesitas terminar tu misión.
Se abrió una puerta de la nave, Del interior salio un ser malherido al que le costaba mantenerse en pie y mucho más andar.
-Este ser es un regalo para ti.- hizo un gesto con su mano metálica, como si fuera una reverencia – sus antepasados fueron los que idearon la luna negra, también fueron los que buscaron a la víctima perfecta y los directores al mando del proyecto Luna negra. – su voz se alzaba – Ellos son los culpables de que tu y yo estemos aquí ahora, también de que nuestra madre esté encerrada. Tenian miedo de morir – se movió hacia él, lo cogío del cuello y lo arrastró hasta donde estaba Hakara y lo tiro al suelo – este ser, se izo pasar por uno de los míos y en el momento oportuno, intentó matarme. Tiene tanto miedo a la muerte que quise darte el gusto de que le mostraras lo que hay al otro lado
-No me interesa – Hakara ni siquiera miraba aquel ser- ya no es importante
-¿que dices?- se movía con nerviosismo- esto es lo que madre nos dijo, lo que nos obligo hacer; nuestro objetivo. Te lo estoy entregando en bandeja de plata – el ser en el suelo sollozaba de terror.
-Ahora lo entiendo – dijo tranquila - Madre estaba furiosa con todo el mundo por eso deseaba la muerte de todos los que la dañaron, pero viéndolos uno por uno, sólo ves que han recibido lo que se merece, no necesitaban un ser justiciero que los matara, ellos ya están muertos por dentro – levantó la mirada y observó al único ojo brillante que tenia su hermano – al igual que tú, ya estas muerto.
-No te lo pondré tan fácil hermanita.

La luna negra se desquebrajaba casi por completo, se formó un brecha que separaba los dos hermanos de varios metros de ancho y kilómetros de largo. Era como si su propia madre intentara separarlos. Una parte de ella estaba manchada de venganza, pero otra parte, no quería ver como sus hijos se mataban.
-no te dejaré marchar – gritó la voz metálica- estamos apunto de entrar en el clímax del asunto, mátalo y deja que la energía se expanda sobre ti, que el poder de la creación cumpla su deber y todos estará como debía estar - gritaba- ¿es que tanto te cuesta entenderlo?
-No podemos cambiar el pasado, ni tampoco huir de él. Mi objetivo cambio el día en que tú te metiste en el medio, el día que creaste el Claniova hubo algo más importante que la venganza, algo que no conocía que existiera- Hakara levantaba el arma.
-Así que ahora yo soy tu objetivo, - se movía hacia atrás – pues bien aya voy – cogió carrerilla y saltoó la enorme brecha que los separaba – ahora que estamos tan juntitos veamos como logras salir de aquí.
Se abalanzó sobre ella, estuvo a punto de rajarle el estómago con el pincho viscoso. Ella pudo salvarse a dudas penas, unos restos de babas le dejaron marchas de babas, estas no eran venenosas, pero si tóxicas. La piel de Hakara enseguida empezó a ponerse roja. El ser metálico se había vuelto más rápido, seguramente, mientras hablaban estuvo haciendo algunas reformas en su ordenador principal y en sus engranajes.
Ahora luchaba contra un igual. Hakara lo observó fijamente y usó el Eco para poder ver lo que a simple vista se le ocultaba. De todos los tubos que tenía enganchado a todas partes del cuerpo, había uno que era el principal; necesitaba dañarlo en la zona que este se unía con su cabeza, eso lo desconectaría por completo.
Los terremotos en la luna negra se sacudían cada vez más violentos, un intenso calor derretía el suelo. Hakara y su hermano le quedaban poco tiempo para la gran explosión y si ellos se encontraban sobre la corteza materna comenzaría el fin del universo.
El ser metálico volvió a atacar, esta vez con más rapidez, su daga hirió el brazo de Hakara hundiéndose en la carne. Ella le golpeo dejándolo a pocos metros del borde de una de las grietas- Se tiro hacia el y le claco el cuchillo en una de las costillas, donde había un enresijo de cables. Él la agarró y empezó a apretarla con sus manos de metal. Ella gritaba de dolor. Activo la segunda hoja y se la lanzó a la cabeza. El ser metálico se quedo durante unos segundos quieto, parecía haberse paralizado. Hakara liberó sus manos de las de él y le arranco la daga de la cabeza. EL ser contesto al momento, con la punta envenenada llego a rozar la herida abierta de Hakara, la baba ardía en contacto con la sangre.
En ese momento sabía que moriría en cualquier lugar. Se arrojó hacía su hermano clavándole la daga en la base del cerebro. La daga de su hermano se le clavó en el estómago. El suelo cedió y empezaron a caer. Su metálico hermano ensanchaba una enorme sonrisa.
-moriremos con madre, el fin del universo acaba de comenzar.

Hakara sintió como algo metálico la agarraba, mientras observaba como su hermano se caía al núcleo de la luna horrorizado. Ella estaba agotada y no tenía fuerzas para preguntarse que estaba pasando. Sólo se dejó llevar. Por una vez se sentía completamente libre. No había venganza, no había miedos, no había tristeza. Sólo lamentaba no haber podido salvar a sus amigos.


-¿que va a pasar ahora? – Hakara tenía el cuerpo dolorido, estaba sin fuerzas para moverse o hablar.
-No te preocupes Arlen, el veneno esta siendo expulsado de su cuerpo; el poder de la daga es más increíble de lo que nos podíamos imaginar. Pronto volverá a estar perfecta.
-Pero la luna – Azuna observaba con tristeza através del monitor la explosión de la luna negra.
-Lo siento Azuma – era la voz de Ediondo- por lo menos conseguimos salvarla.
-¿que le ocurrirá al universo? – Arlen vendaba la pierna de Hakara y su estómago.
-Sin Hakara, el poder de la creación es muy lenta y débil, sin embargo absorberá todo aquello que este a su alrededor.
-Tenemos que detenerla – insistía Arlen
-Sin la luna Negra eso es imposible – la voz de Azuma estaba rota del dolor.
-Construiremos otra – dijo Arlen de forma rotunda.

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